20 de noviembre de 2011

Ante el espejo

Cuando, hace ya ocho temporadas, se puso en antena 'Vaya semanita', la audiencia vasca se llevó una sorpresa. En primer lugar, de incredulidad por lo que estaba viendo. Solo después, cuando superó el pasmo, pudo reírse de aquellas figuras que resultaban tan familiares. Los personajes estaban tan enraizados en nuestra idiosincrasia que podíamos reírnos de nosotros mismos, de nuestras contradicciones y paradojas. Ejemplo de ello era la familia Sántxez, nacidos en Salamanca, y con un hijo ertzaina y otro borroka conviviendo entre las mismas paredes. Es decir, una reproducción de lo que sucedía en la calle. Solo que, visto en la tele, sí hacía gracia. En aquella primera temporada se marcaron algunos hitos que llevaron a que 'Vaya semanita' tuviera interés incluso fuera del País Vasco. Este lunes EiTB emitió el primer episodio de lo que han llamado 'Vaya semanita, cambio radical'. La audiencia quiso participar del estreno y se volcó: 400.000 personas picotearon en algún momento el espacio. Todo un éxito para tiempos en los que la oferta televisiva se ha diversificado y, en consecuencia, fraccionado tanto.
Entre los nuevos personajes hay algunos que prometen, como aquellos Sántxez o 'el Pelanas' del principio: una peluquera del Goierri entre cuyos éxitos están los peinados de etarras, una baserritarra homosexual, una 'choni' doctorándose en física, un ertzaina con dificultades para pronunciar la erre y una pija con tantas operaciones de estética que parece haber sufrido al menos un incendio. Son, otra vez, vecinos que se nos hacen muy conocidos, que nos hablan de nuestros mitos y de nuestros temores. Pero ocho años después, con otros actores, nuevos guionistas y una sociedad que al menos en lo formal ha cambiado y se ve a sí misma con nuevas esperanzas. Alguna de las estampas que sirvieron para abrir el apetito tiene un intenso parecido con elementos de nuestro entorno y los guionistas parecen haber tendido una mirada no solo humorística, sino crítica y cáustica sobre ellos. Para poder reírnos de nosotros mismos, debemos sacar la gracia sin que duela. Si superan este reto, el éxito está garantizado. 
 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ay! a mi me ha gustado mucho el cambio radical y mis preferidos son la peluquera y el baserritarra.
Reirse de uno mismo es una de las mejores medicinas!

momodice dijo...

El cenizo también tiene su aquel, ¿no?