26 de marzo de 2017

Ha muerto Paloma Gómez Borrero


Era 2011. Nos disponíamos a celebrar una nueva edición de la Escuela de Periodismo Juantxu Rodríguez en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En el palacio de la Magdalena, en Santander.
La idea de llamar a Paloma Gómez Borrero fue de Marta Molina, que en aquel tiempo era la jefa de prensa de la FAPE. Marta hizo durante años un gran equipo conmigo para organizar los contenidos de la Escuela. Yo la dirigía. Sin Marta, habría sido más difícil.
Como se ve en la foto, Paloma Gómez Borrero nos acompaña en el vestíbulo del Palacio de la Magdalena. Georgina Cisquella, a su derecha. En la silla de ruedas, nuestro Enrique Meneses, y flanqueándolo, Marta y yo. La otra mujer, una amiga de Paloma.
Disfrutamos mucho y aprendimos mucho más.
Paloma Gómez Borrero era tan conocidad de sus años en el Vaticano, que cada vez que salía pasaba algo. Llegó a Santander acompañada de una amiga y por la tarde salieron a pasear por la ciudad. Unos marineros que volvían en su pesquero, la saludaron y le regalaron una lubina. Paloma, a pesar de que tenía que volar a Italia, donde vivía, la aceptó. Al llegar al Palacio, se fue directamente a la cocina y pidió que se la conservaran en el frigrorífico. Al día siguiente tenía que pasar los controles de seguridad y embarcar en dos aviones. Me consta que la lubina llegó a Roma.
Aproveché para pedirle que me dedicara un lirbo de cocina italiana que publicó en Alianza en 1989 y que yo había usado mucho.



Luego alguien me dijo que no cocinaba ella, sino su esposo. Nunca tomamos ese plato de espagueti.








17 de marzo de 2017

Un titular inexcusablemente sexista






Bastaba que hubieran aplicado la 'regla de la inversión' para detectar que el titular es inaceptable. ¿Habría pasado los filtros si lo enunciamos en masculino: 'Un hombre dirigira a los policías de la comisaría del Congreso'? La respuesta es que no. Porque 'la primera vez' no es noticia, o no debe serlo. La noticia es que se ha producido un relevo o se ha ocupado una vacante largamente desierta. Puedes leerla completa aquí.

Probablemente, a quienes han participado en la elaboración y edición de la noticia no les ha chirriado porque es habitual. Basta hacer una busqueda literal en Google para obtener cerca de 4.000 resultados. Ahí es nada: Periodistas que yerran apuntalándose unos a otros.

Por cierto, Concepción Ramos del Olmo sustituye en el cargo a Ángel Álvarez, que dirigía el servicio cuando una profesora de Derecho Constitucional invitada al Parlamento fue obligada a desnudarse, tras un cacheo, para acceder al interior. Jesús Posada, que era entonces el presidente de la Cámara, anunció una investigación que nunca hizo, ni él ni quienes le sucedieron. Hace unas semanas hablé con ella (somos amigas) y, con cada cambio en la Cámara, ha renovado su petición de que se le den explicaciones. Quizá sea Ramos del Olmo quien por fín investigue. Si es tan importante que sea mujer...

12 de marzo de 2017

Quienes no sabemos volar preferimos vomitar



La captura me la envió K. R. A. la semana pasada. Estaba yo muy atareada con los actos del 8 de marzo y prioricé el trabajo. Ahora, la retomo porque lo mismo da cuándo se produjo o a qué se refiere.
Naroa, 14 años, alumna de una ikastola de Getxo desapareció a la vuelta de la fiesta de carnaval. Su cuerpito apareció 12 horas después en los acantilados de la Galea. No sabemos qué sucedió desde que se despidió de sus amigas hasta que un helicóptero de la Ertzaintza elevó desde las rocas su cuerpo desarticulado. Naroa, ah, Naroa.
El único modo de salir indemne de una caída por los acantilados de la Galea es saber volar. Naroa, probablemente, sabía hacerlo, pero sus alas eran muy chiquitas aún.
Los anuncios ('Lo que necesitas en el momento que lo necesitas','Perdona, ¿sabes volar') sobre la noticia de su funeral es un error, pero es uno de esos errores a los que no se debe dar oportunidad alguna.
Imagino a la abuela de Naroa (o a cualquier persona que la amara) leyendo la noticia y viendo el anuncio, imagino su intenso dolor, siento esa punzada a la altura del estómago y me gustaría haber aprendido a dirigir el vómito. La captura es de El Correo.


4 de marzo de 2017

Tenían al menos dos titulares, eligieron el peor

La noticia es de ayer en el diario Información y La Nueva España. Me la envía C. N., en forma de pregunta: "Este titular parece que apunta a las mujeres como responsables de la violencia ejercida contra ellas, ¿no?". 

Sí, efectivamente , parece decir que la precipitación de las mujeres en las separaciones es la razón por la cual las asesinan. Hace mucho tiempo que sabemos que el momento de mayor vulnerabilidad de la mujer es cuando comunica a su pareja que se va. Ahí la escalada de violencia se precipita.  O sea, quien se precipita es el maltratador, que ve que ella ha decidido acabar con el maltrato y ha empezado a dar pasos para separarse: Por ejemplo, ha ido a una asociación a pedir información, ha acudido a su familia y se ha traslado con lo niños y dos cositas, se ha apuntado a un curso de peluquería... Si fueran más despacio (que parece sugerir el titular), la cosa quedaría en un palizón tras otro. A pesar de no haber denuncias, el maltrato no es nuevo, viene de atrás -aunque él nunca le haya levantado la mano- y, un día, ella lo identifica y le pone fecha de caducidad. 

Si en lugar de violencia machista se tratara de otro delito, pongo por caso, un atraco, y el atracador disparara a su víctima cuando ve que toca la alarma, ¿titularían 'Interior relaciona los crímenes en atracos con el uso de dispositivos de alarmas'? No, porque la alarma no hace al ladrón, del mismo modo que la separación no hace al maltratador.

Tenían en en el texto un titular mejor: "Cuando una mujer es víctima de una muerte violenta hay una alta probabilidad de que haya sido a manos de su pareja". La negrita es del diario Información. O sea que no es que no hubieran visto la importancia de su contenido. La vieron. Eligieron la otra.

O este otro: "Mostró su alarma por los casos de violencia machista entre jóvenes desde los 13 años, pues "si son capaces de maltratar con esa edad qué no harán con sus parejas cuando sean mayores". Tampoco les pareció que podían centrar la mirada en el maltratador. Eligieron el otro titular.

El comandante de la Guardia Civil José Luis González -de quien han obtenido la información-, también patina: "... ha indicado que la media de homicidios de pareja en España es de sesenta al año y que aunque en los últimos días se han producido muchos casos, luego "puede venir un periodo de sequía".

Uno: 'Asesinatos de pareja' no es la terminología correcta,  porque solo asesinan los hombres y solo las mujeres son asesinadas, y sobre todo, porque a veces son exparejas.

Dos. Habla Epi: "Noooo, Triki, nooo. La sequía es mala, muy mala; que no haya asesinatos de mujeres es bueno, muy bueno, Triki".

25 de enero de 2017

Dos escritores en una neurona

"Su tenacidad era como la de la hormiga; si a las hormigas se les destruye su agujero, al punto se aprestan a hacerse otro; si se les destruye este, empezarán de nuevo, y así sucesivamente, sin cansarse".

Así describe  Fiodor M. Dostoyevski a Pseldonimov, antagonista de Ivan Ilich en una narración titulada 'Un episodio vergonzoso'. No debe confundirse ni con el verdadero Ivan Illich ni con el personaje de Tolstoi.

Leo esa frase y se produce uno de esos momentos que tanto me hacen gozar de la lectura. Levanto la mirada, casi dejo caer el libro y el pensamiento se me va a pasos de gigante a la obra de Pinilla, a 'Las ciegas hormigas'. Y veo ante mí los acantilados de La Galea, un barco varado en las rocas y un reguero de aldeanos pugnando por bajar por el acantilado. Son hormigas, ciegas hormigas que bajan desnudas y suben con carga.

Dostoyevsky y Pinilla habitan en mi cabeza y comparten neurona.

31 de diciembre de 2016

En los medios, 2016

Febrero
La niña que a veces era niño, en Altaïr Magazine, en un especial titulado 'A bordo del género'.

21 de octubre
Kike Martín me entrevista con motivo del homenaje a Ramiro Pinilla. En el minuto 38:30.

Azaroak 11
Adigabeak sexurako salerosteari buruzko Arartekoak eta Emakundek antolaturiko jardunaldiaz, Berrian.

15 de diciembre
Las compañeras de Ameco me entrevistan para un reportaje sobre juguetes y sexismo.

23 de diciembre
En las redes del Ayuntamiento de Getxo. Sobre el proyecto de crear un espacio Pinilla en La Venta.

13 de noviembre de 2016

La familia de al lado son seis, de Bolivia

-Un día me senté ante mi marido y le dije que iba a comprar un billete de avión para España, que teníamos que salir de allí. Vivíamos en una casa de alquiler y, cuando venían los amigos de los niños a hacer los deberes del colegio, no cabíamos en casa. Carlos me dijo que ya viajaba él, que yo quedara en casa con los hijos. Hablé con una amiga que vivía en Getxo y me dijo que había trabajo para mujeres, pero no para hombres. Otra amiga me prestó el dinero para el pasaje, unos 1.100 euros Cuando fui a comprarlo, podía ser para el 21 o el 23 de marzo, pero como el 22 es mi cumpleaños, quise celebrarlo con mis hijos antes de partir. Desde que hablé con mi marido hasta que partí, transcurrió una semana. Las once horas del viaje en avión me las pasé llorando. Temía que no me aceptaran. Estaba dispuesta a saltar del avión si hacia falta. Llegué a Getxo. Me alojaron en casa de la amiga. Dormía en el sofá. Las cuatro personas que vivían en la casa salían temprano a trabajar. Yo les preparaba la comida para cuando llegaran de noche. Un día, uno de ellos me acompañó a un lugar en el que podía ver los anuncios de trabajo. Me cogieron en una casa de Barakaldo para cuidar a un señor. Habían trascurrido 27 días desde que aterricé en Getxo. Me planté con mi maleta en la estación de metro de Barakaldo. Una gran familia. Cuatro meses después, llegó Carlos y, a los 11 meses, los hijos. La mayor, de 15 años se había quedado al cargo de la familia.

Betty Vargas, que es quien hablaba, tiene 51 años y arrestos suficientes para tirar del carro incansablemente. Además, es dulce, delicada. Tiene tres hijos varones y dos mujeres. Y a Carlos, su compañero en esta aventura de salir de una vida sin posibilidades de prosperar. Ahora viven en Barakaldo, en un piso de alquiler con cuatro habitaciones: la del matrimonio, dos de los hijos varones y la de las hermanas. Ya no es necesario que se hacinen para hacer los deberes. Un quinto hijo, el mayor, vive en Bolivia y espera la ocasión de triunfar como central en algún equipo de futbol.

El domingo 13 de noviembre, se celebraba en algunos municipios la jornada especial 'La familia de al lado-Bizilagunak'. Mi hermana Marta y Manu, el Ararteko, habían tomado la decisión de acoger en su hogar a una familia de procedencia extranjera. Y ahí es donde entran Betty, Carlos y sus hijos. Yo me cuelo de rondón. Y es uno de los mejores regalos que me han podido hacer Marta y Manu.

Conchi, la amatxu de Manu, está en el hospital aquejada de una enfermedad y Manu me pide que ayude a Marta y la acompañe antes mientras él está en el hospital. Marta y yo tramamos que ella se encarga de la comida y que yo haga un pan de los míos y lleve jabones, también de los míos, para regalar a la 'familia de al lado'.
Como últimamente es habitual en mí, llego tarde a la cita. Siempre encuentro pretexto. 'Ah, ¿era a las 13 horas y son y veinte? Pues no sé qué ha podido pasar'. Y Marta ni me hace caso.
-¿Qué hago?
-Ya nada. Hay que limpiar esa cazuela.
Me remango.

Manu, Marta y yo en la sala de su casa, mirándonos, callados, esperando a que suene el timbre. Queremos hablar. Afortunadamente, suena el móvil y Manu atiende la llamada. Marta y yo, como siempre hemos hecho, desde niñas, empezamos a reirnos de cosas sin importancia.
Timbrazo.
-Manu -le digo-, cuelga, que están aquí.
Se despide.

Ya sentados en la sala, como podemos, empezamos a hablar: Quién eres tú, quién soy yo, somos nosotros, somos todos. Somos gentes con mucho en común. Y encantadas y alegres de encontrarnos.

Cada cual aporta algo de lo suyo: la familia de Betty, unas empanadillas preciosas. Ahora lamento mucho no recordar el nombre. Lo podía haber apuntado en mi libretilla de periodista, pero no estaba trabajando, sino gozando de la vida.
Mi hermana Marta había hecho una ensaladilla rusa muy bien decorada. Manu comienza a enseñarnos vinos. Betty, Carlos, nos hablan de su vida, del fútbol, de los niños, de Santa Cruz en Bolivia.
Cuando llega la comida, por lo general, se hace un silencio. Esta vez no. Hablamos y hablamos. Marta reparte la alubias de Tolosa y me encarga la división de los sacramentos. Carlos está encantado de que haya tocino. Quiere. La berza es de la huerta, con buen  aceite de oliva.
Los hijos toman la palabra: mecánico, peluquera, algún curso de la ESO (Perdona mi falta de rigor, pero no estoy trabajando, sino disfrutando), enseñanza de adultos.
'Mi pareja es vasca'
Hablan de ello. Conocen a la familia de sus parejas. Son majos, vienen a decir.
No hay choque cultural: Celebran la Navidad como nosotros; y los carnavales. La pequeña tiene brackets. Una muestra indiscutible de que somos iguales, somos los mismos, somos nosotros con un acento distinto.
Postres, nada de café, dulces de Bolivia y del Eroski de Berango: mestizaje.
Va cayendo la tarde.
-Nuestra familia es de mucho cantar- les decimos.
-Y nosotros de bailar bachata.
-¿Bachata? Es un, dos, tres, fuera; un, dos, tres, fuera; un, dos, tres, fuera. -Me abalanzo.
Sacamos la música de la tablet y bailamos.
Abrazos. Promesas de reencontrarnos y la gran felicidad de haber participado en esta experiencia.



22 de septiembre de 2016

El retablo de la libertad en el Parlamento de Vitoria

Al principio de la campaña electoral, una amiga feminista, me comentó las dudas -favorables- que le planteaba el hecho de que las listas de EH Bildu estuvieran encabezadas por mujeres y que en ellas hubiera, además, conocidas activistas del feminismo. Pocos días después, me crucé en Bilbao con Idoia Mendia, cabeza de lista del PSE por Bizkaia. Le hablé de esas dudas y de que una parte del feminismo militante hace tiempo que se había sentido abandonado por el socialismo. Mendia me hizo una enumeración de las leyes referidas a la igualdad que se habían aprobado por iniciativa del Partido Socialista: la de igualdad, la del aborto, la de lucha contra la violencia machista...
Había olvidado todo esto cuando esta semana me llegó al buzón la propaganda de EH Bildu. Es un folleto de cuatro páginas con muchos colorines y una imagen de Arnaldo Otegi sonriente. Sin embargo, como es sabido, a Otegi lo han despachado de las listas. No ha podido ser candidato. Cuando la vía de recursos estuvo agotada, salió a los medios reivindicándose y asegurando que, de todos modos, haría la campaña que había previsto.
Al abrir el folleto, en la página 3, están las cabezas de lista de las tres provincias de la Comunidad Autónoma y, de nuevo, Otegi por delante de ellas. En concreto, tapa en parte a Maddalen Iriarte, que quedó primera por Gipuzkoa cuando a Otegi se le agotaron los recursos. Una clara imagen del patriarcado en un partido que sí prioriza la igualdad en sus programas electorales.
En los anteriores comicios autonómicos, la primera, o sea, la candidata a lehendakari, fue Laura Mintegi, que unos meses después dejó su escaño sin grandes explicaciones. En estas elecciones, Mintegi va la última por Bizkaia, que es como decir "Voy, pero poquito, lo menos posible".
Otegi está haciendo campaña como si fuera el presidenciable, aunque durante la próxima legislatura, si pisa el Parlamento de Vitoria, lo hará en lo alto de la tribuna de invitados, desde donde quienes ocupan los escaños parece pequeñas figurillas.
Mintegi, en apariencia, no tenía a ningún hombre tapándola ni dando mítines por ella y dejó su escaño.
Y entonces ha sido cuando se me ha venido a la cabeza el capítulo XXVI de la segunda parte de Don Quijote. Esa en la que el caballero y Sancho Panza está donde Maese Pedro viendo una representación de títeres, 'El retablo de la libertad'. Y cuando Gaiferos rescata a Melisendra, Don Quijote se pone en pie, dice aquello de "No consentiré yo...", desenvaina la espada y de un brinco y con "nunca vista furia" comenzó a llover cuchilladas, "derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquel"... Vamos, que la escena sirvió para que ahora digamos eso de 'no dejar títere con cabeza'.