24 de octubre de 2014

La teoría del encuentro inevitable

Un día me lo encontré camino de la estación. Me dijo que tenía una teoría: En el trayecto de su casa al tren, siempre se encontraba con una persona, siempre distinta. A veces esa persona estaba a dos metros de su casa, a veces en el túnel de la estación. Pero no fallaba. ¿Por qué era tan consciente de ello? Porque a Ramiro nunca le ha gustado pararse a hablar con la gente.
Otro día hablamos de la faena que había sido para los vecinos que quitaran la vieja estación del metro y la trasladaran a Bidezabal. "¡Son 700 pasos más!", me dijo. Un personaje de sus novelas policíacas hace mapas contando pasos.
La guardabarreras de aquella vieja estación era Angelita. Su hija vino la primera vez que hicimos la ruta literaria por el Getxo de Ramiro. Se sorprendió de que a él le gustara mucho la coca cola.
La foto no es muy bonita, pero es la última que tengo con él. La hizo Clara Fraile cuando nos reunimos el 27 de junio a cenar en Usategi. Antes, hubo paseo por Arrigunaga. Ese día yo había llevado pulseras de las que las niñas hacen con gomitas. Me sorprendió que se guardara una.


23 de octubre de 2014

Tuve la gran suerte de que Ramiro Pinilla me enseñara a escribir

Celebramos su 90 cumpleaños en La Venta, ese escenario tan importante en su vida y en sus libros. Acudimos esa veintena de personas del taller literario que se reunía desde principios de los ochenta todos los lunes a eso de las 8 de la tarde.
La de escritores que han pasado por ahí.
Ahora Ramiro se nos ha muerto. Y me asalta, como siempre que muere un amigo, ese oscuro pensamiento de que la muerte es no volver a verle más, no volver a oírle más, no volver a reírnos más.
El 17 de octubre, a eso de las 11 de la mañana, me acerqué a la habitación 450 del hospital de Cruces. Cuando llegué, me encontré una cama deshecha y la otra planchadita y a un señor sentado al lado de la ventana. La puerta estaba abierta. La de malos pensamiento que te asaltan en una de esas.
-¿Está usted solo?
-¿Pregunta por Ramiro? Ha salido a una sala de espera que está por ahí, a la derecha.
El pasillo es largo y está atestado de gente. Si fuera una serie de televisión, pensaría que se han gastado un pastizal en figurantes.
Ya lo veo. Camina muy por delante de mí, apoyado en el hombro de Begoña y con la cachava en la derecha.
-¿Qué?, ¿de fuga? -les digo.

Justo esa mañana había leído el último párrafo de su última novela: 'Cadáveres en la playa'. Tengo muchas cosas que comentarle sobre ella. Begoña, su hija, aprovecha para dejarnos dos minutos. Le viene bien, porque no la ha leído aún. Ella, que ha puesto el punto final de verdad en la máquina de escribir a todas las novelas de su padre, desde que era una chiquilla; y que a veces para que pusiera ese punto final Ramiro debía esperar días.

Me había encontrado días atrás con ella y Rami (su segundo hijo) en Algorta, a la altura del Árbol de Sarrikobaso. CuántotiempoBegoña, cómoestáis, comoestá, cómolosiento, etecé.
-¿Puedo ir a verlo?
-Pues mira -me dice Begoña-, yo creo que sí, porque las veces que ha ido gente, lo he visto mejor.

Ahí me entero de que está en la 450 de Cruces.

Por eso voy el viernes 17.

Un ratito después, salimos de la sala de espera hacia la 450. Llega el que le enseña a hacer ejercicios. Hace que se tumbe sobre el costado izquierdo, le dice cómo debe levantar la mano, cómo respirar... Cuando se va, Ramiro le dice: "Me han dicho que el miércoles iré al cielo".
-No creo que sea para tanto.
-Quiere decir que volverá a su casa -le atajo.

Al de nada llega el que hace la cama:
-¿Qué, Ramiro, esta experiencia le servirá para alguna novela?
-No creo, es triste. El miércoles ya podré dar de comer a mis gatos.

Está feliz de poder volver a casa.

 Son ya las 11:45 y llega María Bengoa. Begoña se cambia de calzado y acude a sus tareas.
Nada más aparecer María, le dice que se ha dado cuenta de que tiene que comer, porque así lo soltarán antes. Usa el verbo soltar, que me resulta familiar. Yo también lo uso en ese contexto. Ahora me pregunto si lo aprendería de él, aunque no me acuerde.

Aprendí tantas cosas con él. Un día me sorprendí a mí misma diciendo a mis alumnos las cosas que nos decía Ramiro. Ese día me di cuenta de lo mucho que me había enseñado, aunque no lo supiera. El siguiente lunes, volví al Taller y a la salida aproveché para decírselo. "Yo también he aprendido cosas de ti", fue su respuesta. ¡¡¡¡Se puede ser más humilde!!!!
Quería contar aquí todos esos recuerdos que acuden a borbotones a la cabeza, que vienen uno tras otro como cogidos de la mano, que pelean por salir para ser contados, pero necesito tiempo y estoy triste, muy triste.
 En una de las dedicatorias me escribió "Con mi cariño escondido de siempre". Qué gran tronco al que agarrarse hoy.

21 de octubre de 2014

En la fábrica de euskaldunes no hay ni una sola mujer

Este anuncio de un euskaltegi (centro de enseñanza de euskera para adultos) de Bilbao está en las estaciones del Metro. Llama la atención el eslogan: "Haciendo euskaldunes desde 1975... y cada vez nos salen mejor. ¡Matricúlate ya!".
Interpretemos que lo de 'hacer euskaldunes' es una metáfora, aunque suscite muchas interrogantes.
Lo que resulta sorprendente es que en el proceso de fabricación de euskaldunes no hay ni una sola mujer. Muchachos del euskaltegi, para la fabricación de personas (también llamada gestación) sigue siendo absolutamente indispensable que haya al menos una mujer.
No tengo intención alguna de comentar cómo es posible que uno de los fabricantes esté con un martillo a la altura de la cabeza del proyecto de euskaldun.

20 de octubre de 2014

En el transporte público, de los hijos se encargan las mamás



Las dos primeras imágenes son de esta semana en Bizkaibus. La amarilla, del sábado en Feve.
Se ve claro. Los iconos son asexuados, salvo cuando aparecen bebés, en cochecito (la primera y tercera) o personas bajitas (interpretables como niños). Entonces, el icono va vestido con algo que puede ser una falda. O sea, una mamá. O no. Una mujer, en cualquier caso.

Creo que tanto Feve com Bizkaibus deberían hacérselo mirar.
Recuerdo haber mantenido una discusión sobre esto mismo hace unos años con A. y N.

13 de octubre de 2014

Mujeres observadas como si formaran parte de una colección de mariposas

En uno de los colorines que los fines de semana entregan con ciertos diarios me encuentro una página que se llama 'Sobre ellas'. El texto y la foto llevan firma de dos mujeres. El personaje elegido hoy es Oscar Tusquets.
Me dejo llevar por la tendencia a la quimera y me quedo un rato detenida en ese 'Sobre ellas'. Ellas. Ellas es una tercera persona. Para que sea posible, debe haber antes una segunda y una primera. Ellas denota lejanía y provoca preguntas como "Si las mujeres son 'ellas', ¿quienes sois vosotros?", o peor aún "¿Quienes somos nosotras? ¿Cabemos las mujeres en la primera persona, es decir, en el 'nosotros'?".  ¿Quién no se ha formulado estas preguntas una mañana de domingo?
Me caigo de la nube al texto, y la cosa sigue así. La periodista escribe que a Oscar Tusquets “hablar de mujeres le parece buena idea. Le apasionan, le divierten. Su relación con ese universo…”. Sigue que es “intensísima”. Como intensísima es la sensación que me produce saber que las mujeres somos un universo. O sea, somos más que un mundo. Dos líneas más abajo se me hace una mancha en el cerebro cuando leo que él se siente “muy femenino”. ¿Será que le ha bajado la regla? Es improbable. Nació en 1941

Copio una cita literal: “No soy biólogo, pero veo que ellas tienen menos capacidad de abstracción, que entienden peor los mapas, vaya”. La idea de lo de los mapas es tan manida que me provoca bostezos. Lo menos que se le puede pedir a quien dice ser artista es que conciba ideas originales y, si no las tiene, que cite la fuente. No sé si hacerle caso en lo de la capacidad de abstracción de los hombres, porque en la tercera acepción del DRAE, abstraerse es “enajenarse de los objetos sensibles, no atender a ellos por entregarse a la consideración de lo que se tiene en el pensamiento”. Y en sentido estricto eso es lo que hacen en muchos ratos de su vida muchos hombres: no atender. Y para ello basta recurrir a los datos estadísticos sobre dedicación de hombres y mujeres al hogar y a los cuidados. Pero Tusquets no lo dice en ese sentido, sino en el malo.

Ay, él prefiere trabajar con mujeres. No he encontrado datos sobre su empresa, pero en el mismo texto dicen que ha escrito un libro ‘Amables personajes’, en el que traza 16 perfiles de personas “dignas de ser amadas”. Él, que es tan femenino, que prefiere trabajar con mujeres y que ha tenido una intensísima relación con ese universo, ha seleccionado a 4 de 16, es decir, el 25%. Un hombre así tiene que tener una esposa mucho menor que él: 27 años de diferencia.

El final es apoteósico: “Además, le encanta ir de compras: "Sentarme y ver a mi mujer cómo se va probando ropa". Otro punto a su favor, sin duda”.

Definitivamente, identifico con nitidez la sensación que he tenido al encontrar este texto: Las mujeres son observadas como si formaran parte de una colección de mariposas.

9 de octubre de 2014

Las jóvenes dejan los estudios para cuidar



Cuando hablo de periodismo con perspectiva de género –y lo hago a menudo porque soy profesora de Redacción en la UPV/EHU- suelo recurrir a unos pocos ejemplos muy claros de lo falaz que puede ser una información si no se aportan datos desagregados por sexo. Uno de los ejemplos a los que recurro es el abandono de los estudios antes de acabar la básica.



De aquí.



Si se aportan datos globales, sin tener en cuenta las diferencias entre alumnos y alumnas, la impresión de quien lee es totalmente errónea, porque ellos abandonan mucho más que ellas.




De aquí.



Este fin de semana me ha llegado un estudio de la Universidad de Alicante que muestra otra cara del abandono: la pobreza. Y ahí, como siempre que hablamos de falta de recursos, las mayores perjudicadas son las mujeres, en este caso, las jóvenes universitarias.
Te dejo a solas con el titular:

La información puede leerse aquí.


Gracias, M. E.

 






1 de octubre de 2014

Ese tono tan familiar, afectuoso, cómplice

¿Es mi impresión o en los titulares de esta información se les ha pasado poner el apellido? Para verla mayor,  puedes pinchar sobre la foto o directamente irte al sitio web.

Esta es una de las asimetrías más habituales en el tratamiento de hombres y mujeres en los medios. A ellos se les llama por el nombre y apellido o solo por el apellido, mientras que a ellas las llaman por su nombre y apellido también o por el nombre de pila. Como en este caso, con ese familiar y cómplice Inés. Se trata de Inés de la Fressange, una importante diseñadora de moda y modelo.
La asimetría en el tratamiento de los nombres puede adoptar dos formas aún más graves: Llamarlas con el artículo femenino determinado por delante: "la Aguirre" (61.400 entradas en Google), "la Penélope" (63.300), "la Cospedal" (58.300)... O, incluso, por el hipocorístico: Espe (a Esperanza Aguirre), Pe (a Penélope Cruz), Malena (a Magdalena Álvarez).
A ellos también los llaman por el hipocorístico a veces. Por ejemplo, Pepiño a José Blanco. Cuando lo hacen con hombres la intención es claramente descalificatoria. Por eso debe entender de forma distinta a ese tono afectuoso, familiar, cómplice, que acaso podría reivindicar para sus textos una revista femenina. Además, ¿quién les ha dicho a esas periodistas que sus textos deben tener ese guiño, en lugar de la elegancia de la profesionalidad?

28 de septiembre de 2014

La canastilla de la abuela

Fue el viernes cuando las redes sociales difundieron que Hipercor, de la cadena El Corte Inglés, había puesto a la venta ropas de bebe en colores azul y rosa. En los azules ponía 'Inteligente como papá' y en los rosas, 'Bonita como mamá'. Me deja como así. No sé, imagina que la azul le cae a una niña cuyo papá no es tan inteligente como mamá.
El caso es que los titulares han hablado de lemas machistas. Sin embargo, yo no creo que lo sean. En mi opinión son estereotipados -porque inciden en los anhelos sociales de que la mujer sea bella y el oso, inteligente- y son asimétricos porque da trato distinto a las ropas rosas y azules, destinadas respectivamente a niñas y a niños.
Por seguir imaginando, son ropas nada apropiadas para familias monoparentales. Vaya trauma para la niña o el niño que no conviva o haya perdido a uno de los dos. Si alguna vez lo tuvo. Imagina un niño que tiene dos madres o una niña con dos padres. Dicho de otra forma, que Hipercor parece haber sacado esas ropas de la canastilla de la abuela. O de la del abuelo.
No creo que sean lemas machistas, pero lo que sí sé es que esos mensajes repetidos machaconamente construyen una sociedad nada igualitaria.

12 de agosto de 2014

Pérez-Reverte asegura que los maltratadores son de derechas

Hasta hoy, lo mío con Pérez-Reverte era, ¿cómo diría yo?, era inocente, o postureo. En cuanto hablaba de las mujeres y repetía lo de feminazis y caricaturizaba todos los intentos de hacer lenguajes inclusivos, y eso, yo no estaba de acuerdo con él; me parecía que desaprovechaba una tribuna alta, con grandes tiradas y elevado índice de lectura. Si acaso, le reprochaba que no usara esa arma didáctica tan importante para cuestiones de fundamento y, sobre todo, por los derechos humanos. A un tío que ha cubierto tantas guerras se le supone una postura favorable a las víctimas, y se le supone, además, un olfato muy desarrollado para identificar quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos. Se les suponen, a todos menos a éste.
Pero hoy leo:
"...está científicamente probado que los maltratadores siempre son de derechas...".
Y ya se me salen las antenas. Ojo, Lucía, terreno pantanoso.
Pero sigo:
"Si en España basta que una señora diga en una comisaría que su marido o su novio la maltratan para que, con sólo su palabra, sin averiguación ni comprobación previa y garantía mínima de veracidad, el fulano pase esa primera noche automáticamente en un calabozo, y mañana ya veremos...".
 Primero, lo que está científicamente probado es que los maltratadores son de izquierdas, de derechas, apolíticos, del Barça, del Athletic, antifútbol, ricos, pobres, pensionistas, de clase media, chinos, guatemaltecos, alemanes, vascos, abogados, analfabetos, borrachos, abstemios, amantes de la ópera... O sea, cualquier cosa.
Segundo, mientras Reverte escribía de género, de palabras, y le salía la bilis, me parecía un desperdicio de espacio, pero hubiera defendido su derecho a decir lo que quiera, a seguir diciendo majaderías. Cada cual es libre de malograr su imagen pública y si él lo desea, yo le apoyo. No habría creado una oenegé, pero si alguien me hubiera preguntado, habría reivindicado su derecho a la libertad de expresión.
Pero ahora ha sobrepasado la línea. El maltrato a las mujeres no es un juego. Ahora ya sé hasta dónde llegan su iniquidad y miseria moral. Y llegan mucho más allá de lo que alcanza mi respeto. Lo ha perdido.
Porque...
Si esto no es alinearse con quienes hablan de denuncias falsas, se le parece demasiado.
El artículo completo, aquí.