1 de abril de 2015

¿Será lo suficientemente elocuente mi silencio?

Es buena esa, eh! Jajaja. Estas que estás diciendo son frases mías, sí; para que luego digan que son frases machistas". Entrevista entera, aquí.

28 de marzo de 2015

El día que no estaban en la redacción

En noviembre, me fui con Andrea Momoitio, subdirectora de Pikara Magazine, a recoger el premio que la Associació de dones periodistes de Catalunya nos había otorgado, el 'Premi Bones Pràctiques de Comunicació no Sexista 2014 per una iniciativa de comunicació feminista'. Fue un acto intenso y emotivo en el que se entregaron una decena de reconocimientos. No todos por buenas prácticas. Cuatro menciones de las malas se las llevaron medios y organizaciones profesionales. Lo puedes leer aquí. Y al menos un par acudieron a recoger la reprimenda. Como no podía ser de otra forma, el representante del medio que acudió al acto se defendió: él ese día no había trabajado.
Normal. Y tan normal. No era la primera vez que lo oía ni ha sido la última.
Es hasta comprensible esta reacción ante la crítica fundamentada cuando se juega en campo contrario. Cabe preguntarse qué habría pasado si ese día la persona en cuestión hubiera estado en la redacción. La lectura habitual de ciertos diarios indica que, si el hecho de que incurran tantas y tantas veces en actitudes sexistas y machistas dependiera de la presencia de uno de sus cargos, deberíamos concluir que esa persona apenas si acude a la redacción. Esa es una actitud defensiva para esas ocasiones en las que es imposible de reivindicar el producto como bueno. Se opta por una tranferencia de responsabilidades: "No es cosa mía", " Yo ese día no estaba", "Eso debió de pasar cuando me fui al lavabo".
Otra actitud defensiva es la negación. Viene a resumirse en "Eso no es como lo cuentas. Esa es tu opinión. Yo no lo veo". 

Esta semana, el Ayuntamiento de Bilbao celebró su último pleno antes de las elecciones locales. En él, uno de los temas era la propuesta del PP de controlar determinada zona del extrarradio de la ciudad frecuentada por homosexuales que van a ligar. Lo puedes leer aquí

El periodista escribe: Enterado del asunto hace días por la moción del PP, el concejal de Seguridad, Tomás del Hierro, acudió a la zona para hablar con los vecinos e interesarse por la situación. "Fuimos y nos 'entraron' (quienes practican cruising), ha confesado Del Hierro entre las risas de los corporativos. Tras subrayar que "el problema es que se haga a la vista de la gente", el responsable municipal de Seguridad ha agregado: "La sensación que tuve allí... No sé explicarme", ha añadido turbado.

Esa es una actitud homófoba: Primero, por las risitas. ¿Se habrían reído si el tema hubiera sido, por ejemplo, tráfico de drogas? ¿Les habría hecho gracia que un camello les hubiera 'entrado'? Evidentemente, no es comparable la actividad de un camello y la de un gay que quiere ligar, pero me sirve para hacernos pensar que, si se hubiera tratado de un asunto en el que no sienten cuestionada su heterosexualidad y hombría, en primer lugar, nadie hubiera reído; en segundo, de hacerlo, le habrían afeado la conducta. El concejal no sabe ni explicar la sensación que tuvo. No sabe o no quiere ponerlo en palabras.

Ese pleno llegó a los medios y hubo quien descartó informar sobre ese aspecto porque eso no es noticiable, no lo percibieron como homofobia. Me consta al menos un caso de quien después ha tenido oportunidad de leer la acusación de homofobia. Lo ha negado.

Por cierto, el redactor que introdujo el verbo confesar, también podría hacerse algunas preguntas. Debe de ser que el verbo 'decir' les resulta ramplón.

20 de marzo de 2015

Los términos invertidos

El chascarrillo es viejo. Un señor de aquellos tiempos en que los señores tenían su dama en una torre, ejército propio y necesidad de hacer sus propias guerras habla con uno de sus consejeros. Tiene dudas sobre en manos de quién dejar a su esposa y su hacienda durante el largo periodo que prevé pasará lejos de casa. El consejero muy aviesamente le recomienda que deje su hacienda en manos de un jesuita y a su esposa al cargo de un franciscano. Pero, ojo, le avisa, no cometas el error de invertir los términos. Son conocidas las habilidades de los jesuitas y la casta generosidad de los franciscanos, los unos centrados en tareas educativas y los otros muy dados a la mendicidad.
El sobresalto nos lo dimos este lunes: José Quintela, franciscano de O Cebreiro, la entrada a Galicia por el camino francés, ingresó en prisión bajo acusaciones muy poco castas.
Según informaba El País, el resultado de las investigaciones de la Guardia Civil dan un saldo como mínimo curioso. Pepe, como lo llaman en el pueblo, llevaba un año manteniendo relaciones sexuales ¿consentidas? con una menor de las cercanías, de 16 años. No solo eso. En al menos una ocasión, un primo de ella, de 19 años, y con una discapacidad del 40 % participó en la fiesta sexual por iniciativa del fraile. Él era meticuloso, tanto que los investigadores llegaron a inventariar hasta 250 fotografías de los festejos sexuales. Sorprende que una buena parte de ellas fueran del miembro de Quintela, que adornaba con objetos caseros, frutas y dinero. Seguir leyendo.

El hombre de tu vida se llamaba María


12 de marzo de 2015

Cuando no existes para el sistema

A veces leo viejas revistas. Tiene una ventaja: se distingue con precisión lo efímero. Lo interesante no tiene fecha de caducidad.
Llego a un reportaje sobre cáncer de mama en hombres. Es un texto de Fernando Goitia. Cinco hombres a los que les han extirpado un pecho hablan de su experiencia, de lo desconocida que era para ellos la enfermedad, de la sorpresa de descubrirse un bulto y del susto de un diagnóstico que creían solo posible en mujeres. Bonito reportaje. Uno de ellos dice:
Me quedo un rato ahí, colgada de ese sumario con las puntas de los dedos, a punto de caer a algún lugar, imposibilitada para pasar página.
Se me vienen a la cabeza todas esas denuncias de diagnósticos mal hechos porque durante años los médicos no han alcanzado a comprender que quizá los síntomas en mujeres y hombres eran distintos, que la posología de ciertos medicamentes es incorrecta en mujeres porque los hombres, como norma general, son de mayor tamaño que ellas....
Uno de estos hombres mastectomizado se muestra quejoso porque, cuando se enteró de que sufría cáncer de mama, una de las preguntas del formulario que debía rellenar era sobre un posible embarazo. "Ni siquiera el sistema se entera de que nosotros también sufrimos cáncer de mama", se dice.
La queja de que el sistema no se entera se me hace muy familiar. Lo extraordinario es que quien la formule sea un hombre. Estamos las mujeres tan acostumbradas a que se nos presenten a la firma textos diseñados para hombres...

Vuelvo a lo desvalido que ese hombre enfermo se siente porque el formulario está diseñado para mujeres.
A ver si van a tener razón las feministas y lo que no se nombra no existe.

3 de marzo de 2015

Los números de los hombres pesan más

Sí, los números de los hombres tienen mucho más peso en la sociedad o quizá se trate de que solo se miran entre ellos.
Un ejemplo de hoy. Me voy al diario Información y encuentro una nota elogiosa sobre la repercusión del artículo que el director publicó el domingo.  Lo tituló 'Podemos llamar a esto fascismo'. Según dice la nota de hoy, "se ha convertido en el texto de opinión más compartido por los internautas a lo largo de este año. Más de 2.700 usuarios de Facebook lo compartieron directamente en sus muros desde la web de INFORMACIÓN". Un poco más abajo dice: "...cifras muy por encima de lo habitual para el género de opinión". En el momento de escribir este artículo, el del director ya va por los 3.0K. Casi tres mil veces compartido. Sí que es mucho. Mucho.
Pero... 
Vamos a ver cuánto se compartió en la misma red otro artículo de opinión del mismo domingo y en el mismo diario. Esta vez elijo el de Mar Esquembre. Cáspita (días esperando la oportunidad para escribir esta palabra). Resulta que a la misma hora el de Esquembre, titulado '¿Y por qué no un día de los hombres?', llevaba 4.6K. O sea que el resultado de esta competición es, tatachán tatachán: El señor director de Información 2-Mar Esquembre 3. Y el partido continua.

La mirada machista no ve los logros de las mujeres... o los desprecia.

Dejo las fotos:


21 de febrero de 2015

Carrerilla hacia la derrota

La derecha que nos gobierna parece creer que aquellas mujeres que se deciden por el aborto lo hacen por placer o por vicio. Detrás, hay una incapacidad para entender que abortar no es plato de gusto para nadie, que la decisión se toma con un intenso sentimiento de angustia y miedo. No parecen entender que abortar no es una opción, sino la última opción. Además, consideran que el embarazo no deseado es la consecuencia de haber hecho algo que no se debería haber hecho. No parecen plantearse que es la consecuencia de no haber podido acceder a métodos anticonceptivos. O, en el peor de los casos, a negarse.
Hace solo cinco meses, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, destituyó al ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, por la contestación que su proyecto de ley sobre el aborto había tenido en los partidos de la oposición y en la sociedad. En aquel momento, hubo quien lo consideró una victoria y quien creyó que solo se trataba de dar un paso atrás para coger carrerilla. Seguir leyendo.

4 de febrero de 2015

Cuando venía el practicante



Cuando éramos pequeñas, las tareas que hoy hacen las enfermeras las hacía el practicante. Al médico se le llamaba cuando el personal estaba fatal. El practicante era esa persona que, por ejemplo, venía a casa a poner inyecciones.
Solían traer, como los médicos, un maletín negro de piel y guardaban las agujas y las jeringuillas en una caja metálica como la de arriba. Las jeringas eran de cristal. Para esterilizar las agujas, las metían en alcohol en la propia caja y le daban fuego.
Me contó papá que un practicante con tuberculosis había contagiado a todos sus pacientes porque, para apagar la llama, soplaba sobre las agujas.
Las medicinas inyectables venían en polvo, en una pequeñita botella color ámbar. En otra ampolla estaba el agua esterilizada. El practicante limaba un poco la ampolla por su parte más estrecha para que se quebrara, absorbía el agua con la jeringa, pinchaba la aguja en la tapa de goma de la botellita ámbar, inyectaba el agua y mezclaba. Antes de poner la inyección ponía la jeringuilla en posición vertical, le daba un golpecito con el índice para que saliera el aire, empujaba hasta que salía una gotita de la medicina… y cogía la aguja con la mano derecha. Entonces, nos pasaba un algodón con alcohol en la parte superior del culo, daba unos golpecitos y nos decía: “No lo pongas duro que te hace más daño”. En uno de los golpecitos, a veces de forma imperceptible, nos había metido la aguja. Eso hacía menos daño que la introducción de la botica. Volvía a pasar el guaté y se preparaba para irse.

31 de enero de 2015

La diferencia que marca una tilde

Estas son las sugerencias que hace Google cuando se escribe "Cómo se puede saber si...". La diferencia entre una y otra la marca la tilde.