11 de noviembre de 2018

Un día especial, pero de gran normalidad

Este año, me había apuntado de dinamizadora. El 29 de octubre nos convocaron en el Aula de Cultura de Villamonte para una reunión explicativa de los procedimientos. Yo ya tenía cierta experiencia. En el año 2016, la familia era de Bolivia; en 2017, eran amigas y de Filipinas. ¿Por qué dinamizadora? Por cambiar. Por conocer a dos familias distintas.
Se trata de la iniciativa de Bizilagunak de estimular la convivencia entre getxotarras de orígenes distintos.
En aquella reu en Villamonte, dejé dicho que si venía mejor al proyecto que fuera anfitriona, adelante. Y así fue. El jueves por la mañana, cambio de planes. Y está es la estampa que hemos dibujado.

De derecha a izquierda, Fran, Pilar, Norma, Aurora y yo.

Esperábamos a Verónica y su familia, pero hoy nos han avisado de que la gripe las dejaba en casa.

Para organizar una comida, viene bien tener al lado a una buena amiga. Y Pilar siempre me dice que sí, a veces antes de que le cuente de qué se trata.
A las 13:46, sonaba el timbre. Emoción.
-Corre, Pilar, deja la escarola y lávate las manos, que están aquí.

Aurora llegó de Filipinas en 1973 y tiene 67 años -es bilbaina, aunque ha vivido en otros lugares de España-; Norma llegó en 1981 y siempre ha vivido en Getxo; a Fran lo trajo de Sevilla el trabajo de su padre en Petronor. Pilar es una mezcla de Bilbao, Madrid, Donosti y Gallarta; mi familia, de Andra Mari, que siempre hemos llamado Getxo, a secas.

Ha sido muy divertido porque de la misma hemos congeniado: Todas tenemos problemas en las rodillas. La que no está ya operada está pendiente de la operación, ¡y eso une mucho!

Me ha encantado que después de comer, todo el mundo se ha levantado hacia la cocina a despejar la mesa. Una confidencia: Cuando se han ido, me he dado cuenta de que habían organizado el lavavajillas perfectamente, sin hacerme una sola pregunta.

Ya en la sala, los postres y las infusiones. Hemos hablado de nuestras familias como si nos conociéramos de toda la vida. Todo muy alegre.





Les había preparado unos platos decorados por mí y jabones de glicerina que hago yo misma.





Norma y Aurora en el momento en que han descubierto lo que era.

Ahora que estaba escribiendo esto, me preguntaba a mí misma por qué tenía poco que contar a pesar de que la sobremesa se ha alargado hasta casi las 19h.

Me parece que es una prueba de la normalidad, de que no hay apenas contraste cultural. Además, nos hemos hecho algunas confidencias sobre la familia y eso no se puede contar en público.

Un día muy especial y muy normal a la vez.



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