1 de septiembre de 2013

El presidente más moderno de Euskaltzaindia

Conocí a Jean Haritschelhar durante el Congreso que celebró Euskaltzaindiaa mediados de los años noventa en el campus de Leioa. El Correo me encargó que cubriera aquel importante evento académico. Para entonces, él ya llevaba casi una década al frente de la institución, pero le gustaba definirse como ‘primus inter pares’.
Haritschelhar era un gran hombre grande, poderoso, pero solamente porque se le percibía una fuerza capaz de lograr, de hacer, de convencer. Y esa elegancia tan francesa, acompañada de una cordialidad extensa, pero limitada al territorio que él aceptara.
Fui dos veces a su casa en Aingelu (Francia) a hacerle dos largas entrevistas. La primera en 2005, nada más dejar la presidencia de la Academia y la segunda en2008, coincidiendo con el homenaje que sus compañeros de Euskaltzaindia le habían preparado. En ambas me acompañó Ignacio Pérez, fotógrafo.
Llegar hasta su casa –un chalecito a las afueras– fue una aventura. Era uno de los últimos días de 2004, soleado, pero muy frío. Nos recibió su esposa y nos invitó a pasar a la sala familiar, decorada con motivos navideños. Ignacio le tuteaba y yo, conocedora del formalismo francés, cada vez que oía un tuteo, me ponía un poco más nerviosa.
Mientras Jean y yo charlábamos, Ignacio disparaba la cámara a pequeños detalles. Al anillo, por ejemplo. No recuerdo si fue en esa o en la siguiente ocasión, cuando intentamos que nos mostrara el ambiente más familiar, las partes más privadas de su hogar. Sin conseguirlo. La idea con toda seguridad fue de Ignacio, que con una naturalidad aplastante logra derribar esos muros y captar escenas impensables.
Fue un gran presidente, que sacó a la Academia de su ostracismo, de entre muros de conventos y hábitos de frailes. La modernizó, le quitó el polvo y logró que durante la España democrática se viera a la institución como un organismo necesario y respetable. Han trascurrido 25 años desde que el llegó a la presidencia (1988-2004) y 51 desde que fue nombrado académico de número. Durante esos años el euskera ha vivido sus mejores momentos: un elevado porcentaje de escolarización, además en la enseñanza pública; el establecimiento de estudios de rango universitario en todas las ramas del saber; una industria editorial y mediática de dimensiones desconocidas; producciones audiovisuales...
Él estaba ahí observándolo desde una atalaya privilegiada, la presidencia de la Real Academia de la Lengua Vasca.
Hoy, 1 de septiembre de 2013, ha muerto a los 90 años en el hospital de Biarritz.
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