17 de noviembre de 2009

La reina estaba menos muerta de lo que pensaban


La principal agencia de noticias belga se llama, valga la redundancia, Belga. Según publica hoy El País, y la verificación de la noticia, o al menos su repetición, puede encontrarse aquí, este 16 de noviembre de 2009 -día histórico, según se verá- inauguró un nuevo servicio que consistía (pretérito imperfecto esperanzador del verbo consistir) en distribuir noticias proporcionadas a la agencia por los ciudadanos, aunque no fueran periodistas ni supieran que es obligación de cualquiera contrastar las fuentes. Hasta aquí lo farragoso.
El caso es que les llegó la noticia de la muerte de la reina Fabiola, le dieron pábulo, la difundieron y ahora están arrodillados ante el anteúltimo reducto de la monarquía europea pidiendo disculpas. A los periodistas de la agencia les da lo mismo, o están contentos, porque esa cosa del periodismo ciudadano de la agencia belga Belga (entiende la repetición por la nomenclatura) les es favorable, pero hay que ver lo que desequilibra. Todo había sido un plan del departamento comercial, es decir, del enemigo, y ya se ve. Quien vende espacio publicitario fragua un plan de periodismo ciudadano. Que me aspen si entiendo algo. Es más, que me haga un plano aquel aventajado que entienda algo.

¿Quién es periodista? Ya hace rato que he llegado al convencimiento de que lo es quien se comporta como tal y quien verifica y difunde solamente lo verificado.

Si yo fuera un periodista de un medio belga, si supiera que la principal agencia de noticias piensa abrir un carril de noticias a cargo de ciudadanos que envían informaciones gratis, pergeñaría un plan para cargarme el proyecto, en las más bajas instancias, que afectara a las más altas instancias. Y si lo logrará, ese día dormiría mucho más tranquilo. Casi que me hacía monárquico. Un monárquico de las postrimerías.

En la imagen, Ofelia representada en su muerte.


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