20 de octubre de 2009

Por la vida


Por la vida

Quizá algunos medios vascos se han interesado por la suerte de Pablo Ibar por su apellido y sus ancestros: La familia Urtain, la del boxeador que nos enseñó que un k.o. podía ser fulgurante. Yo no sé cuántos presos habrá en los 'corredores de la muerte' de las cárceles estadounidenses. Uno sería demasiado. Ibar se debate entre esperar la muerte o esperar que finalmente crean en su inocencia. Pesa sobre él la acusación de asesinato de tres personas. El domingo, ETB 2 emitió un documental sobre su caso. Estremecedor.
Bastaba poner la cámara frente al condenado y escucharle. Lleva diez años en ese maldito corredor. «Me quieren matar». A veces hablaban su padre, o su mujer. El sistema de ejecución es inclemente. Imagine el corredor. A medida que pasa el tiempo, y los van ejecutando, los condenados avanzan en las celdas, como si fueran las fichas del parchís. Llega un momento en que están tan cerca, que la muerte es una amenaza diaria, horaria, minutaria.
El reportaje recogía imágenes de Ibar fuera de la cárcel, en los juzgados: Vestido con mono, esposado, con cadenas aferradas a su cintura. De repente, su rostro se ilumina con una sonrisa abierta, que hace que se vea su frustrada juventud. La cámara nos muestra la razón de esa efímera felicidad: Ha visto en la sala a su mujer.
Yo no sé si Ibar es culpable o no de haber matado a tres personas. Aunque fuera culpable, defendería su vida. Las sociedades democráticas nos protegemos de las atrocidades informando de ellas, como hizo ETB este domingo.

Publicado por El Correo.
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