6 de septiembre de 2009

El País baila la yenka

Esta semana contaba aquí que El País había publicado unas fotos vergonzosas.

Al leer el artículo de hoy de Milagros Pérez Oliva, he vuelto a sentir lo de siempre. Pérez Oliva no defiende a los lectores, sino que defiende a su diario de aquellos lectores críticos que lo ponen contra las cuerdas y le recuerdan que es un diario de referencia, no solamente en España, también en Europa. Se mueven los límites, dice, defiende de forma muy favorable las decisiones de su empresa, y tacha de vago e interpretable el 'Libro de estilo' (que es el documento en el que el diario se compromete ante sus lectores y por eso es un libro que no solamente se usa en la redacción sino que lo venden en las librerías. Es decir, el libro de estilo es un contrato con los lectores).
Asegura que el problema es que las fotos salieron en una edición local (la catalana), cuando es incierto porque estaban en el digital. Se olvida (con una amnesia que le es muy favorable) de que el digital las tiene aún hoy a disposición de quien quiera verlas. Justifica los medios por el fin, cuando desde el siglo XVII sabemos que no, que el fin no justifica los medios, y que quienes se aferran a objetivos que pasan por encima de las personas, pisoteándolas, suelen tener intenciones inconfesables, y en este caso bastardas. El País quiere vender, y le da lo mismo que el precio sea la dignidad de las mujeres fotografiadas y de quienes como ellas están abocadas a la prostitución, a veces en condiciones de esclavitud.
A mí no me convence la defensora del diario El País. Es más, me inquieta que ya ni siquiera haya en ese diario una persona que le diga a la dirección del medio que sus lectores le piden que reflexione, que se pare antes de tomar determinadas decisiones, que se acuerde de lo que era. ¿O es que el digital de El País no es El País ni pertenece a la misma empresa ni tienen cuentas comunes?
Me eriza la piel pensar que yo me he construido como persona leyendo El País, que buena parte de lo que soy lo soy porque he formado mi concepción del mundo leyendo ese diario, que me ha mostrado el mundo en grande y sus pequeños mundos, porque ese universo que me mostraban ha moldeado el mío.
Y ahora, como a tantos, nos deja huérfanos, porque hay que vender. A cualquier precio. Se mueven los límites, dice Pérez Oliva. Claro, como en la yenka.
Os dejo ahí el baile.

Y para quienes no tengan paciencia de ver el vídeo, diré que el estribillo de la yenka es "Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres".
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