18 de junio de 2013

Pérez-Reverte estimula mi creatividad, me llena de dudas

Así, de sopetón, traigo este párrafo entero de un artículo publicado por Arturo Pérez-Reverte en 2011:
Uno es el del amigo que hace una semana, al ceder el paso a una mujer -aquí sería inexacto decir a una señora- en la entrada a un edificio, encontró, para su sorpresa, que la individua no sólo se detuvo en seco, negándose a pasar primero, sino que además, airada, le escupió al rostro la palabra «machista». Así que imaginen la estupefacción de mi amigo, su cara de pardillo manteniendo la puerta abierta, sin saber qué hacer. Preguntándose si, en caso de tratarse de un hombre, a los que también cede el paso por simple reflejo de buena educación, lo llamarían «feminista». Con el agravante de que, ante la posibilidad de que el supuesto varón fuese homosexual -en tal caso, quizá debería pasar delante-, o la señora fuese lesbiana -quizá debería sostenerle ella la puerta a él-, habría debido adivinarlo, intuirlo o suponerlo antes de establecer si lo correcto era pasar primero o no. O de saber si en todo caso, con apresurarse para ir primero y cerrar la puerta en las narices del otro, fuera quien fuese, quedaría resuelto el dilema, trilema o tetralema, de modo satisfactorio para todos.
El artículo completo está publicado en su web.



No sé por dónde empezar. Por la fecha. Nada, que tenía la revista traspapelada y me la he encontrado esta semana.
La anécdota es inverosímil. Podemos creernos que un hombre cede el paso a una mujer; lo que se hace raro es que la mujer llame “machista” a ese hombre. Ahí y dan ganas de dejar de leer, pero interesa seguir. Desde que lo leí, tengo un runrún en la cabeza que no había sabido descifrar hasta ponerme a escribir. La anécdota es ramplona y y califica a quien la elige para su artículo semanal en una publicación que en 2011 tenía una difusión superior al millón y medio de ejemplares y, según el EGM, una audiencia cercana a los tres millones. Y él usa ese elevado púlpito, esa gran tribuna para chabacanerías y cotilleos de portería: que si le ha cedido el paso, ¡huy, no me digas!, y ella le ha llamado machista, como lo oyes.
Y aún no ha comenzado el desvarío. En ese punto, Pérez-Reverte cuenta que su amigo empezó a preguntarse si en caso de ser un hombre, “a los que también cede el paso por simple reflejo de buena educación, lo llamarían «feminista»”. A mí aquí se me viene a la cabeza un tráiler repleto de comentarios insultantes, pero me contendré. En su lugar vamos a ver qué ha pasado, cómo ha funcionado esa cabeza tan ilustrada que Pérez-Reverte atribuye a su amigo, aunque cabe suponer que él le acompaña en esos derroteros.
El planteamiento no es simple, sino simplista: Si una mujer le llama ‘machista por cederle el paso, un hombre le llamaría ‘feminista’. Es el juego de los contrarios practicado por un niño de 4 años: de hombre, mujer; de alto, bajo; de tonto, listo; de machista, feminista. Considerar antónimos machismo y feminismo es propio de quien ha reflexionado muy poco y nunca ha acudido al diccionario a comprobar los dos términos. Y es grave que Pérez-Reverte no lo haya hecho, porque es académico y alguna responsabilidad tendrá sobre el significado que la Academia atribuye a las palabras. Si aceptamos como antónimas palabras que no lo son, como machista y feminista, podemos aceptar otras. Por ejemplo, analfabeto y escritor.
A partir de aquí, Reverte se hace un lío. Confunde sexo con sexualidad, identidad sexual, buena educación, cortesía… Escribe: “…ante la posibilidad de que el supuesto varón fuese homosexual -en tal caso, quizá debería pasar delante-, o la señora fuese lesbiana -quizá debería sostenerle ella la puerta a él-…” (sic).
Francamente, es tan demencial que cuesta adivinar qué clase de mecanismo o de creencias se le han activado para mezclar la escena de dos personas ante una puerta cerrada con el hecho de ser lesbiana o gay. Eso de que un heterosexual deba ceder el paso a un homosexual, o de que una lesbiana deba dejar pasar a un heterosexual, me genera en el cerebro una interrogante de dimensiones astronómicas. Me deja muda.
 
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