26 de agosto de 2011

Del maltrato se puede salir



Hace unos meses publiqué aquí un test sobre maltrato. Un par de respuestas positivas debe hacernos pensar en que esa mujer necesita ayuda.

Miguel Lorente, el delegado del Gobierno para la lucha contra la violencia de género, lo dice cada vez que tiene oportunidad: "El maltratador recurre al asesinato cuando le han fallado el resto de sus estrategias".

 O sea, primero, amenaza; después, rompe un objeto o golpea la pared por encima del hombro de ella, o hace amago de pegar pero no llega a hacerlo; finalmente, descarga su mano con fuerza sobre su pareja. A quien dice amar.
Primero la insulta, le dice que es una tonta, o le cuestiona que ella pueda estudiar o trabajar ("¿Dónde te van a coger a ti?"); después, le prohíbe salir, le quita el dinero o el coche para que lo haga, le obstaculiza sus planes no haciéndose cargo de los hijos (por ejemplo); la deja sin llaves; la encierra. No le deja comprar ropa, mientras él se gasta cantidades en un coche o en juego o en alcohol o en drogas. Cuando ella supera ese problema, le dice que a ver si se cree que ese traje es suficiente para hacerla señora, que se le ve que es una zarrapastrosa, o que se pone escotes y se pinta porque es una puta, y si se va a abrir de piernas para que le den el trabajo o el crédito que necesita para estudiar o para abrir ese pequeño negocio con el que sueña.
Ese día que ella se ha preparado tanto, antes de salir, la hace llorar con sus insultos y humillaciones, la viola, le pregunta a ver si es eso lo que se dejará hacer por su jefe o el director de la sucursal bancaria.
Cuando ella llama a su familia para pedir ayuda, le cuelga el teléfono. Comienza a vigilar las llamadas de su móvil, la factura; empieza el '¿De dónde vienes?, ¿con quién has estado?'.
Le reprocha que la cena no está preparada; y si lo está, le dice que es una mierda. Quizá aprovecha y se mete con su familia: 'Tu madre no te enseñó ni a hacer una sopa'.
Ella le mira y no dice nada, se calla, va al cuarto de los niños y los acuna.
Una noche la golpea, o la empuja contra la pared, o le tira un objeto. De inmediato, ve que su brutalidad le ha dejado una marca y se abraza a ella y llora, le promete que nunca más volverá a hacerlo. Durante unos días, está cariñoso, le regala algo, se esfuerza en seducirla, le dice que está muy guapa, se afana con los niños. Quizá los baña o los acuesta.
Un tiempo después, la golpea de nuevo. Quizá necesita atención médica, quizá él personalmente la lleva a urgencias. Cuando regresan a casa, vuelve el arrepentimiento, los 'Te quiero', los ''Mira cómo haces que me ponga', los 'No volveré a hacerlo'.
Ella, por fin, decide que le deja, prepara meticulosamente todo, a espaldas de él. Y un día, le cuenta sus planes. La humilla, 'Pero ¿adónde te crees que vas tú?, ¿de qué vas a vivir?'. O la amenaza: '¿No pensarás que te vas a llevar a los niños? No pienso darte ni un duro'.

Ella se separa. Sale de ese infierno y saca adelante a sus hijos. Es feliz.

Los datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (los únicos oficiales y fiables a la hora de contabilizar la violencia de género) contabilizan a día de hoy 38 mujeres muertas, 6 menos que el año pasado en estas fechas. De ellas, 17, esto es, el 45% ya se habían separado o lo estaban haciendo. Es decir, el momento en que la mujer toma la decisión de abandonar a ese hombre que la maltrata es el de mayor riesgo. Es cuando todos los elementos que tienen noticia de ello deben estar en estado de alarma: las instituciones, sí, pero también quienes conocen a esas mujeres y saben que él convirtió su vida en un infierno.

17 mujeres son muchas, pero son más las que salen. Son cientos.

El teléfono de atención a las víctimas es el 016. Debemos usarlo. Y debemos publicarlo en las informaciones sobre violencia de género.

La imagen es de aquí.
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