12 de octubre de 2010

De género, anuncios y bobos


De género, anuncios y bobos

Si es usted de esas personas que cree que el género es todavía hoy solamente una categoría gramatical que afecta exclusivamente a las palabras, le invito a que siga leyendo. Durante el siglo XX, el feminismo no había pasado de ser una lucha reivindicativa de las mujeres por obtener la igualdad frente a los hombres, una igualdad legal, formal y real. La situación cambia cuando, en el último tercio del siglo XX, quienes persiguen la equidad comienzan a observar el mundo desde la óptica de la profunda desigualdad entre los dos sexos, una desigualdad que se ha dado en todas las épocas de la historia, en todas las culturas y en todas las sociedades. Sorprende tanta uniformidad: No hay sociedad en la que la mujer no haya estado sometida al hombre. El matriarcado es un mito.
Los estudios feministas incorporan un concepto, el género, que heredamos del inglés y que como término no nos es extraño. La palabra es vieja en castellano, y aparece ya en la primera edición del diccionario de autoridades de 1734. Dice ese legajo: 'Género': «Se toma muchas veces por lo mismo que especie». Por cierto, esa acepción de género, que resulta ser la tercera, es anterior a aquélla que se refiere al género gramatical. Y en esto de la lexicografía, las acepciones van en orden: las viejas, primero.
El género es una lupa que nos permite observar el mundo de acuerdo con parámetros distintos. ¿Por qué? Si cada vez que nos acercamos a una realidad la situación de mujeres y hombres es muy distinta, la clave para entenderlo la encontraremos en el género, en esa circunstancia que nos atribuye cualidades, capacidades, sensibilidades, responsabilidades, obligaciones distintas, por el hecho de ser hombres o mujeres, por pertenecer a un sexo.
La Dirección de Tráfico del Gobierno vasco presentó la semana pasada una nueva campaña por la seguridad vial en la que se ve a hombres en actitudes de riesgo al volante mientras van cantando 'Soy un bobo…'. Podría pensarse que es discriminatorio hacia la mujer, porque solamente aparecen hombres, y también las mujeres conducen. Pero, en este caso, quienes han tomado la decisión de cómo enfocar la campaña han tenido en cuenta lo aplastante de las cifras: el 77% de los accidentes de carretera con víctimas se produce con un hombre conduciendo. Es decir, la mujer conducía en solamente el 23% de los accidentes que se producen. Menos de una de cada cuatro. Esta gran diferencia entre las conductas de mujeres y hombres al volante se explica mejor si aplicamos esa visión de género y aceptamos que verdaderamente conductores y conductoras se comportan de forma distinta. Por eso en el anuncio, con la musiquilla de 'Soy un gnomo', aparecen cantando cosas como «a 180 soy feliz, soy un 'crack' adelantando, he bebido dos cervezas…». Otras actitudes de imprudencia sobre las que alerta el anuncio tienen que ver con quitarse la ropa sin detener el vehículo, atender el móvil, consultar un mapa, recoger un objeto caído en la alfombrilla del coche… Ah, y «si me vas a adelantar, yo le piso más». Hace ya tiempo que los estudios sobre seguridad vial vienen alertando de las actitudes agresivas y casi suicidas de ciertos conductores.
Y todo eso sucede mucho más a menudo cuando quien conduce es él. Es evidente que si las carreteras son las mismas por las que conducen ellas, los coches casi también, debe de haber algún otro factor que influya. Si como sociedad no aceptamos que ellos cometen más imprudencias y más infracciones, difícilmente podremos atajar las causas.
Los hombres, sobre todo los jóvenes, son más temerarios. Y este comportamiento está relacionado con los valores culturales y con cómo se construye la masculinidad. ¿Qué esperamos que haga un hombre, cómo creemos que debe comportarse? En nuestra sociedad la virilidad está asociada a conceptos como aventura, reto, riesgo, cuando no peligro... Ésa es la razón de que la población carcelaria sea tan mayoritariamente masculina, de que las drogas azoten más a los jóvenes que a las jóvenes, y de que en torno a un 75% de los accidentes laborales los sufran trabajadores, al lado del 25% de trabajadoras. Podría pensarse que se debe a que ellos son mayoría en los sectores profesionales de más riesgo, pero las estadísticas indican que incluso en el sector servicios ellos se accidentan más.
Es lógico, es necesario que en un panorama como éste los responsables de Tráfico hayan querido que se identifiquen las actitudes al volante con las de ése que en el anuncio canta 'Soy un bobo…'. Pero… Nuestra sociedad está muy sensibilizada para detectar actitudes sexistas y discriminatorias hacia la mujer. Es más, en el momento en que asoma a un medio de comunicación un anuncio que pueda ser interpretado como lesivo para la imagen de la mujer, saltan las alarmas y los mecanismos se ponen en marcha. Sin embargo, aún no hemos desarrollado esa misma fina y exquisita sensibilidad para alarmarnos ante la publicidad que denigra al hombre, que lo trata como un bravucón obsesionado por el fútbol y la cerveza, que lo presenta como sucio e incapaz de manifestaciones de ternura, que se pierde ante un cabello rubio de mujer. Si lo hubiéramos hecho, no aceptaríamos que se les llame bobos en un anuncio institucional.

Publicado en El Correo, 12/10/2010.
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