25 de julio de 2010

Un adiós


Hoy publicamos la última entrevista de la serie 'En las antípodas'. Han sido cerca de 50 entrevistas de los temas más dispares. He disfrutado mucho, pero también he sudado. A veces, por la dificultad de encontrar 'antípodas' que no fueran una variación de lo antes hecho; otras, por lo difícil de dar con esa persona tan absolutamente común y corriente que ni sale. Han sido más fáciles las más extrañas.
De todas ellas, destaco tres:

Una de las últimas, a Josetxu y Pablo. Una revelación. Dos jóvenes vascos, de 36 años, casi idénticos. De Josetxu me quedo con su fortaleza; de Pablo, con su humildad.

La de Yola, de 1,29, y Fred, 2,17. Un metro de diferencia. Pocas veces me he reído tanto. La foto es de Ignacio. Pasaron muchas cosas en esa entrevista. Falló el émepe 3 y tuvimos que regrabar. Fue de pánico, porque la primera conversación había sido tronchante y temía que no quedará nada de la espontaneidad del principio. Milagrosamente, Yola consiguió que todo fuera casi igual o acaso mejor.
Me costó una eternidad convencerla de que viniera a la entrevista. Tenía prejuicios. Creía que íbamos a hacer un espectáculo. Me puso una condición: Estar en igualdad con el gigantón. "Si él se sienta en una silla, yo también. Y no me voy a subir a una escalera para estar a su altura". De acuerdo.
Cuando llegamos al estudio, había una escalera, una que siempre está allí. Casi se da la vuelta camino del ascensor.
Ignacio sacó todas sus destrezas y conseguimos que se quedara. Ignacio le dice: "Ponte delante de él y ahora date la vuelta y mírale a la cara". Y ella: "¿Pero no te das cuenta de que me queda la cara a la altura de su bragueta?". Cuando se publicó, Yola me mandó un mensaje, que aún conservo, al móvil: "Enhorabuena. Me has llegado a emocionar con la entrevista. Un trabajo cojonudo. Gracias". Me llegó a las 15:14 del 26 de octubre de 2008.

Teresa y Jessica. Apareció una nota en Enlace. Decía que la amama y el aitite llevaban celebrando el aniversario de boda, como si fuera el último, desde los cuarenta y algo, y ya eran 65 años. De eso hace dos. Koldo, un compañero del periódico, me puso en contacto con la familia. Tuvimos que esperar porque Eugenio, el marido estaba pachucho. Nos fuimos a Elorrio. A Jessica llegué porque trabajaba en la empresa de mi hermana Mónica. La foto que hizo Ignacio era tan buena que el novio de Jessica, Óscar, cuando la vio, se dio cuenta de que tenía en casa a una modelo y movió todos los muebles para fotografiarla también él. La entrevista fue una de las más genuinas conversaciones sobre el amor a que nunca he asistido.

Todo esto no habría sido posible si Óscar Villasante no hubiera creído en la historia y si, después, Trigueros y Sergio no me hubieran respaldado.

Claro, necesité movilizar a algunas decenas de personas para dar con ese centenar que finalmente da la cara. A todos, muchas gracias.

La última:

En las antípodas

Lorena Fernández, por el libro electrónico, y Toti Martínez de Lezea, por el de papel

De papel y pantalla
Ambas son buenas lectoras y aman los libros

En la casa de Toti Martínez de Lezea habrá entre 12.000 y 13.000 libros -«todos leídos»-. Lorena Fernández, cuya identidad digital es 'Loretahur', trabaja en la biblioteca de la Universidad de Deusto, donde se atesoran miles de libros de papel, algunos de ellos incunables. Ambas reivindican los libros, ambas defenderían tanto los de papel como los digitales. La joven es informática y cuenta las características de los nuevos formatos. La escritora prefiere el tacto del papel y el olor de la tinta.
-¿A leer se aprende?
-Toti Martínez de Lezea: Sí, hay que habituarse. Es una costumbre. Cuanto más se lee, más se quiere... leer.
-¿Y se puede enseñar?
-Lorena Fernández: Es una cuestión muy habitual. Si el chaval no tiene en casa los libros, es difícil.
-Toti: Pero aún lo tiene fácil, por los estudios, porque estará entre libros, coincidirá con gente que lee... Una persona adulta que no se ha acostumbrado de joven lo tiene muy difícil. Sin embargo, hay casos de personas mayores que han encontrado en la lectura un sustituto de esta terrible televisión y de la pérdida de tiempo. Y han encontrado mundos nuevos, otras vidas y costumbres, amores, odios, sensaciones...
-¿A usted qué le gusta?
-Toti: Yo leo ensayo histórico, o sea que me encuentro la historia del mundo. Tú también tienes que contestar, ¿eh?
-¿Disfruta con la lectura?
-Lorena: Mucho.
-¿Disfruta entre libros?
-Lorena: También. Estoy rodeada de ellos y disfruto al pensar que tengo tanto a mi alcance y que puedo acceder tan fácilmente a ello. Luego ya, cuando engancho el libro, disfruto de la lectura.
-Se puede vivir entre libros sin considerarlos tesoros, ¿no?
-Lorena: Una parte muy importante es lo que ves en casa. Si no has convivido con ello, es muy poco probable que luego adquieras esa afición por los libros.
-Toti: Yo me he encontrado con dependientes de librerías de grandes superficies que venden libros como quien vende otro género. No es aquel librero antiguo que leía y recomendaba. Eso se ha acabado. Hemos pasado del mimo a que el libro sea un objeto más.
-¿Cuántos volúmenes tendrán?
-Toti: Unos 12.000 o 13.000. Están todos leídos. Mi marido y yo no compartimos gustos literarios.
-¿Recuerda aquella película de Woody Allen en la que se pregunta cómo saber cuáles son los libros de cada cual si se separan? Y contesta: «Muy fácil, los tuyos sobre la muerte; los míos, de psicoanálisis».
-Toti: En ese caso, los de Alberto son los de filosofía y naturaleza y los míos, ensayos históricos y novela.
-Lorena: Ahora que he hecho la mudanza, calculo que tendré, en formato físico, unos 200.
-¿Compra?
-Lorena: Compro, me regalan y regalo.
-¿Y en formato digital?
-Lorena: Una cantidad ingente, pero eso no cuenta... Estoy leyendo un libro de Rifkin, 'La era del acceso', que habla del acceso versus la posesión. Habla del ocio cultural y de la tendencia en todo de optar por el acceso y la experiencia frente al anterior deseo de poseer, del coleccionismo... Para mí, tener una cantidad ingente de libros electrónicos en mi pecé no es posesión porque si un día los pierdo, no pasa nada, podré llegar a ellos de alguna manera. No es lo mismo que perder un libro físico, que tenga una dedicatoria y una historia por detrás.
-¿Son bonitos los libros de papel?
-Toti: Una vez que estás leyendo, si está bien encuadernado o no, te importa un bledo. Pero la primera atracción es el objeto. En un libro bien publicado se ve el respeto hacia el autor y su trabajo. Es un placer verlo, tocarlo, olerlo... Me gustan tanto los libros que difícilmente me acostumbraré a los e-book, aunque eso no quiere decir que no los vaya a utilizar. Las mujeres somos personas prácticas y, para una editora que debe leerse cien originales, puede ser muy práctico llevarlo en el bolso. Como lectores nos acostumbraremos también a esto.
-¿Se encontrará ese mismo placer?
-Lorena: Yo no creo que sea elegir uno prescindiendo de otro. Se puede tener un libro con unas grandes ilustraciones pero prefiero uno de bolsillo para meterlo en el bolso. Y todavía estamos con el papel. Un reproche al e-book es que en el metro ya no puedes ver el título de lo que lee el de enfrente. Sin embargo, en redes sociales especializadas en la lectura se puede saber lo que está leyendo cada cual.
-Toti: Es cosa de edades. Nuestros nietos son capaces de enviar mensajes a toda velocidad y a mí se me hace eterno. El e-book es el futuro y los pequeños se habrán acostumbrado a ello. Porque tiene sus ventajas: se puede agrandar la letra, echar para adelante, para atrás, hacer una anotación... Me gusta el sonido de pasar las hojas.
Lo mercantil
-¿Es futuro o presente?
-Lorena: Futuro, pero porque en la cadena de valor del libro no se ha hecho una apuesta fuerte. El precio del libro electrónico viene decidido por el precio de la última edición del libro de papel. Y mantiene la cadena de valor: editorial, librería&hellip
-Toti: Está la parte mercantil y, por otra, los autores. Con esos precios, ¿de qué van a vivir los autores? Si el autor cobra el 10% del precio sin IVA, se debe fiar de lo que el editor dice haber vendido. Desde el punto de vista económico, quien más perderá será el autor. Aunque quizá se dan facilidades para la publicación y para que pequeños autores se den a conocer.
-Lorena: Se están reproduciendo los mismos fallos que con la música. El mundo del libro ha visto lo que venía porque sus problemas los ha sufrido antes los discos, pero no han aprendido y están cometiendo los mismos errores.
-Toti: El músico puede dar un concierto pero, ¿el autor? ¡Como no dé una conferencia!
-Lorena: Yo me refiero a la industria.
-Toti: A mí ya me han pirateado obras, y dos de ellas, además, en formato de voz.
-Lorena: Yo lo que he visto es que la gente antes se descargaba música, mucha más de la que podría escuchar en su vida, y ahora han salido plataformas en las que te conectas a Internet y tienes todo el repositorio de música y se escucha sin bajarse nada.
-Toti: Pero lo tienes que escuchar en el ordenador, no en la cocina.
-Lorena: Pero la ubicuidad de Internet va a ser total.

Publicado en El Correo.

La foto es de L. A. G.
Publicar un comentario