20 de junio de 2010

Entre raíles y nubes


En las antípodas
Ángel Cáceres, ferroviario, y Gonzalo Pastor, aficionado a pilotar


Entre raíles y nubes


Ambos disfrutan con el movimiento. A Gonzalo Pastor, piloto aficionado, le gusta ver el terreno deslizarse como una alfombra. Desde 2006, es vicepresidente del Real Aeroclub de Vizcaya, cuyas instalaciones están en el aeropuerto de Loiu. Ángel Cáceres siente pasión por los trenes, le encantan los largos viajes y su afición es tal, que ha acabado por trabajar como ferroviario en Renfe.
-Entonces, no le gusta el termino 'trenero'.
-Ángel Cáceres: No, yo soy ferroviario y aficionado a los grandes viajes en tren. Ninguna de las dos cosas implica la otra. Es como ver el bar desde dentro o fuera de la barra. Éste ha sido tradicionalmente un mundo cerrado con mucha rivalidad y la afición al ferrocarril no está socialmente reconocida. Parece que somos gente inmadura aferrada a los trenes en miniatura. No es mi caso.
-¿A usted qué le gusta?
-Ángel:Viajar en trenes, fotografiarlos, estudiar sus sistemas.
-¿De la afición a la profesión?
-Ángel: Pero no soy la norma, sino la excepción. La mayoría de los ferroviarios lo son por raigambre familiar o porque querían un trabajo seguro. A algunos les gusta el tren, pero no a la mayoría.
-¿Se ha puesto alguna vez al mando de un tren?
-Ángel: No, no soy maquinista.
-¿Usted pilota?
-Gonzalo Pastor: Aprendí en el Real Aeroclub de Vizcaya. El 1979 saqué la licencia de piloto privado, pero quería algo más y me fui a Estado Unidos. En Texas estudié piloto comercial, motores&hellip Al volver, en 1981 había una crisis como la de ahora. Entre las convalidaciones y las dificultades para entrar en una compañía&hellip Me tenía que poner a trabajar y dejé la profesión de piloto. Ahora, en lugar de volar para trabajar, trabajo para volar.
-¿Su primer largo viaje en tren?
-Ángel: En 1990 de Madrid a Moscú, con parada en París. Unas 60 horas de tren.
-60 horas. ¿Se llevan la comida?
-Ángel: Había coche restaurante, pero nos podíamos llevar la comida, no la tarterita, pero sí unos bocatas. En los coches-cama rusos, con asistente también ruso, de cortesía daban café y té.
-¿Y vodka o caviar?
-Ángel: Eso en los hoteles.
-¿Fueron del tirón?
-Ángel: No, paramos en Bruselas. Íbamos con coches rusos y coches normales.
-¿Qué diferencia hay?
-Ángel:Los rusos, como los trenes españoles, no tienen el mismo ancho que en Europa. Entonces se les cambia el bogie.
-¿El qué?
-Ángel: Bogie, el rodaje para el cambio de ancho.
-Al llegar a Moscú, ¿se volvió?
-Ángel: Visitamos la ciudad, fuimos a San Petersburgo, a Riga. Otras 160 horas de tren.
-Unos siete días enteros. ¿Qué hacían?, ¿jugar a la brisca?
-Ángel: Los viajes de noche permiten dormir. Era un viaje para pernoctar en el tren.
-¿En el avión también se duerme?
-Gonzalo: La aviación ha evolucionado mucho. Y para dormir bien en un avión hay que ir en primera. En turista, como van acortando las filas para meter más pasajeros, se va un poco encogido.
-Ahora no lo quiere reconocer pero, cuando concertamos esta entrevista, me dijo que él se dormía en los vuelos.
-Gonzalo: Por trabajo me toca viajar mucho: Alemania, Suecia, Estados Unidos... Llega un momento en que el los vuelos me duermo, a menos que haya superturbulencias. Hay aviones que parece que te acunan y me duermo.
-¿La primera vez que se puso al mando de un avión?
-Gonzalo: Fue con un instructor. Se les llama vuelos de acomodación. Son para saber si se reúnen condiciones. Un instructor me sacó a volar hasta Bermeo. Allí me hizo un invertido, poner el avión boca abajo. Todo se caía, los lápices y los libros. Me preguntó si estaba bien, y sí. Al volver, a la altura de Mungia o Gernika, me dijo que cogiera los mandos del avión.
-¿Pero sabía?
-Gonzalo: Yo había visto lo que hacía. Al principio, la pista es pequeñita, estrechita y a medida que te vas acercando, se hace mayor. Yo veía las lechugas, las ovejas, los árboles. El instructor se llamaba Gabriel. Le tengo mucho cariño, pero ya le dije que cogiera él los mandos porque yo&hellip El avión era una Morane.
-Pequeño.
-Gonzalo: Claro, yo hago una diferenciación entre coger un jumbo para ir a China o uno de estos. Ahí está el glamour, en elegir la ruta que uno quiera y hacerla.
-Ángel: O un tren de una línea centenaria o uno de larga duración.
«No se ven las miserias»
-¿Qué distancia habrá hecho?
-Ángel: Unos 30.000 kilómetros por viaje y de esos he hecho tres.
-Siempre en Europa.
-Gonzalo: Pero no descarto hacer rutas en América. Los largos viajes son para disfrutar, hablar con la gente, enlazar. Me gusta ver los paisajes, ver cómo cambian; no tener que coger un hotel, ver la evolución del tren.
-¿A qué altura vuelan?
-Gonzalo: Lo mínimo, mil pies, unos 300 metros, en zonas pobladas. Hay normativas del espacio aéreo, que regulan el tráfico. Y el límite del oxígeno son los 14.000 pies, unos 4.000 metros.
-¿Por qué vuela?
-Gonzalo: Por pilotar la máquina y por el gusto de sobrevolar zonas. Desde el aire no se notan las miserias, se disipan, todo se ve distinto, es más uniforme, más tranquilo. No se siente estrés, ni bullicio, ni los atascos. Sólo paz y el terreno es una alfombra y pasan los montes, los lagos, los bosques. Se ve el ascenso a la meseta, las tonalidades del terreno. A veces, te coges unos amigos y te vas a comer a Asturias.
-Ángel: ¿A tomar una sidrita?
-Gonzalo: El piloto no puede beber, ni siquiera antes. Es 0,0.
-¿Se puede aterrizar en cualquier sitio?
-Gonzalo: En una emergencia, sí, en una campa o carretera.
-¿Cuántas horas de vuelo tiene?
-Gonzalo: Unas 600. Para un aficionado está bien. Antes, con la mitad se podía entrar en algunas compañías.
-Una cosa: ¿Para qué se ponen bolas en los tendidos eléctricos?
-Gonzalo: Para que los vea quien vuela, sobre todo helicópteros.

Publicado en El Correo.
La foto es de L. A. G.

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