24 de octubre de 2014

La teoría del encuentro inevitable

Un día me lo encontré camino de la estación. Me dijo que tenía una teoría: En el trayecto de su casa al tren, siempre se encontraba con una persona, siempre distinta. A veces esa persona estaba a dos metros de su casa, a veces en el túnel de la estación. Pero no fallaba. ¿Por qué era tan consciente de ello? Porque a Ramiro nunca le ha gustado pararse a hablar con la gente.
Otro día hablamos de la faena que había sido para los vecinos que quitaran la vieja estación del metro y la trasladaran a Bidezabal. "¡Son 700 pasos más!", me dijo. Un personaje de sus novelas policíacas hace mapas contando pasos.
La guardabarreras de aquella vieja estación era Angelita. Su hija vino la primera vez que hicimos la ruta literaria por el Getxo de Ramiro. Se sorprendió de que a él le gustara mucho la coca cola.
La foto no es muy bonita, pero es la última que tengo con él. La hizo Clara Fraile cuando nos reunimos el 27 de junio a cenar en Usategi. Antes, hubo paseo por Arrigunaga. Ese día yo había llevado pulseras de las que las niñas hacen con gomitas. Me sorprendió que se guardara una.


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