28 de abril de 2013

Dos razones para leer el último libro de Ander Izagirre

Ander Izagirre lleva desde principios de semana celebrando la publicación de su último libro, 'Mi abuela y diez más', editado por Libros del K. O. Esta pequeña y joven editorial ha conseguido colocarme cuatro libros en las últimas semanas. La cifra irá en aumento.
En este libro, Ander habla de la Real. Lo compré ayer y me ha durado justo el tiempo de un partido, sin renunciar al descanso.
Su lectura es de interés incluso para mí, que no soy de la Real. Tiene esas cosas de los libros autobiográficos: Te desplaza velozmente a esas fechas que recuerda el autor. Por ejemplo, cuando lo del gol de Zamora, el 26 de abril de 1981. Entonces, Ander era un niño. Me hace gracia. Ander y yo somos amigos. En aquel tiempo en que él aún estaba en edad de esperar de los Reyes Magos una camiseta de su equipo de fútbol, yo estaba estudiando la asignatura de Iñaki Iriarte en cuarto de carrera. En el piso de estudiantes, éramos 4, dos guipuzcoanas. "A que no vamos a Donosti al recibimiento de la Real". Y nos fuimos en el tren. Metimos dos cosas en una bolsa y para allá. Ir un día, volver al siguiente.
Del recibimiento y la juerga solo recuerdo que el autobús me pasó rozando. Del viaje, unas flores silvestres altas, de color rosa, que nacen en las cunetas de las carreteras; y de la vía del tren. Desde entonces, suele gustarme cortarlas y traerme un manojo.
También recuerdo la llegada a Bilbao. Era 1981 y Bobby Sands, miembro del IRA había emprendido una huelga de hambre que le llevó a la muerte el 5 de mayo. Unos días antes de aquel 26 de abril, habíamos participado en una concentración frente al consulado británico en Bilbao, que sigue estando en la Alameda de Urkijo con Gran Vía.
Íbamos para allá cuando a la altura del Corte Inglés un policía nacional -entonces eran grises-, con pañuelo al cuello, nos paró. "Ustedes, se dan la vuelta". "Si no podemos pasar por aquí, usted dirá por dónde vamos". "No conozco Bilbao". En ese momento, otro gris con idéntico pañuelo y la porra en alto, gran argumento, nos convenció de inmediato de que nos diéramos la vuelta.
Una semana después, al volver de San Sebastián, había manifestaciones en Bilbao por el Primero de Mayo. En El Arenal, un policía nos obligó a que le enseñáramos lo que llevábamos en el bolso. Y 20 metros más allá, otro. Protesté. Apareció otro gris con la porra por encima de las orejas. "Usted, se da la vuelta que es la del otro día en el Corte Inglés".
La lectura de 'Mi abuela...' me ha recordado estás cosas. Mientras pasaba páginas, intercambiaba emails con Ander. No creo defraudar su confianza si traigo esto que me ha escrito: "¿Sabes que a la presentación vino, por sorpresa, Zamora? Se puso en una esquina, entre la gente, compró el libro y me pidió un autógrafo. ¡Casi me desmayo!".
La lectura depara algunos momentos estupendos y un final magnífico. Pero ese final solo es magnífico para quien hace el camino de 104 páginas hasta llegar a él. 
En uno de los últimos emails, me dice que me gustarán las fotos del partido que jugaron ayer en La Concha.
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