28 de septiembre de 2010

No es un chiste

En plena calle, un periodista entrevista a un hombre de unos setenta años: Se expresa así: "Soy hijo de exiliados. Hasta los 11 años no pude volver a España por culpa de Franco. A mi padre, pobrecito, no sabíamos ni dónde enterrarlo. Mi madre estuvo muchos años en silla de ruedas. Ahora tengo 70 años. Hace unos meses me sacaron el 30 % de un pulmón. Mi mujer es inmigrante. Hemos tenido tres hijos. De los tres, sólo trabaja una, la del medio. Pero no cobra. Todos, incluidos los nietos, viven de mi asignación. La mayor se acaba de divorciar. Mi yerno se daba a las drogas y al alcohol y la ha dejado con dos niños. El pequeño de mis hijos aún no se ha ido de casa y, además, se ha casado con una divorciada y la ha traído a vivir con nosotros. Esa señora antes trabajaba, tenía muy buen puesto pero, desde que vino a casa, no hace nada. Ahora tienen dos niñas que también viven bajo nuestro techo. Para colmo, este año, con lo de la crisis, casi no nos hemos ido de vacaciones. Si me apuras... ni he podido celebrar que España ha ganado el Mundial".

El periodista pone los ojos en blanco y dice: “Majestad, no creo que su situación sea tan mala".

Hasta ahí, el chiste.
Magis Iglesias aprovecha para dar una lección. Dice:

"Normalmente, nada es lo que parece. Cuando nos acercamos a una historia con prejuicios, obtenemos un resultado erróneo y una conclusión equivocada. No basta con la mera sucesión de datos --con ser ciertos-- para disponer de la información correcta. La mano del periodista es imprescindible para aportar el contexto, una buena explicación, la intención y el significado de los datos objetivos. Es decir, el valor añadido que aporta el periodismo riguroso y de calidad siempre será necesario para garantizar la buena información, o sea, la libertad de los ciudadanos. He dicho".
Y ojalá diga más y más a menudo.

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