8 de diciembre de 2012

Ahí nos las den todas

Antes de nada, te dejo con dos anuncios que el Ministerio de Sanidad, Asuntos sociales e Igualdad ha preparado este año para luchar contra la violencia de género. O para hacer que lucha. Los ves y seguimos.





Tienen muchas pegas.
En primer lugar, la violencia machista es mala y recriminable en sí misma y no es más grave "si le maltratas a él". Pero es que además, a él no solamente no se le maltrata sino que el origen de la violencia machista es la desigualdad entre mujeres y hombres y la preponderancia de estos.
Cuando comenté el anuncio con June Fernández, añadió: "Y lo más importante es que no muestra que la violencia sobre las mujeres es la punta del iceberg de esa desigualdad".
Por otro lado, muestra con nitidez cómo es esa violencia, qué forma adopta y cómo se expresa. Es decir, provoca que quien se identifique en esas palabras sea él. Enseña a maltratar. Da recursos a los maltratadores. Y después les deja irse de rositas. Si al maltratador no le importa nada hacer sufrir a la mujer con quien convive, ¿por qué le va a importar que quienes se sientan maltratados sean Imanol Arias y Juanjo Artero? Quizá incluso los desprecie y se sienta vengador por algunos papeles que hayan representado.  El anuncio tiene como interlocutor al hombre maltratador. Son hombres que se dirigen a hombres con el objetivo, se supone, de acabar con la violencia machista.
En mi opinión, el discurso está errado por completo, porque no consigue nada positivo, se corre el riesgo de que los maltratadores aprendan nuevos discursos de vejación y, sobre todo, porque delata que no hay reflexión previa sobre las razones que explican la violencia machista. Y si no se entiende por qué se produce, difícilmente se atajarán sus causas.
Para acabar, te voy a contar un cuento que me enseñaron en la escuela: En Arcos de la Frontera, un corregidor observó desde su torre cómo se producía una reyerta en la plaza. Mandó a un alguacil para que pusiera orden. A su vuelta, el alguacil informó al corregidor del trato que los querellantes le habían dispensado. "¿No es cierto -preguntó el alguacil- que cuando os represento, cuanto me suceda a mí es como si os sucediera a vos?".
-Así es -contestó el corregidor.
-Pues sabed que, cuando me he presentado en vuestro nombre, me han dado un soberbio bofetón.

Cuentan que el corregidor, lejos de compadecerse del alguacil, dijo: "Ahí me las den todas".

Pues bien, si cuando una mujer sufre maltrato o desigualdad, es como si los maltrataran a ellos, ahí nos las den todas.
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