1 de agosto de 2021

Rió hasta el final

 Fue lunes. Había ido con MJ a Ikea, a devolver parte del material usado en la obra de su casa. Estábamos allí en la brega, al final de la tarde, cuando me sonó el teléfono. Era Mónica, mi hermana la pequeña. Vino a decirme algo así como que no me asustara, pero que papá esta en el hospital, que fuera para allí.

Estaba en urgencias en un recinto entre cortinas; mamá a su lado, tomándolo de la mano. Mónica y yo nos íbamos turnando. Hicimos pocos cambios, porque fue muy breve. Papá murió como había vivido, sin dar la lata. Estaba yo con ellos cuando el monitor pareció indicar algo y mamá me preguntó. 

-No sé, mamá, le digo a la niña que entre, que ella sabe más de esto.

Mónica siguió siendo 'la niña' hasta muy mayor: hasta que nació mi única sobrina.

Y ahí murió. Decía Moni que entendió el significado del verbo expirar cuando vio a papá tomar ese último aliento.

En ese momento de gran confusión, llevaron a papá a una habitación cerrada y nos explicaron que había muerto. Fue muy delicada la doctora dando la noticia. Entré a despedirme de él. Me sobrecogió la imagen de papá con la mandíbula relajada por su parecido con mi hijo. Le di un beso, el último beso, y salí.

Justo en el quicio de la puerta me di de frente con una pareja joven. Él hizo un gesto de reconocimiento, como quien da un toque con el codo a su pareja y dice: "Mira, es Lucía". En ese momento, me salió un aullido de dolor.  Y esos jóvenes, que parecían tan contentos, se inhibieron.

He aplazado contar dos cosas.

Primera cosa: Papá murió el 1 de agosto de 2005. Ese julio nos habíamos juntado las hermanas y sus familias en casa de Marta y Manu es Estrasburgo. A la vuelta, cita con papá y mamá para celebrar Santiago en un restaurante del Puerto Viejo. Papá ya no podía beber cava, pero lo sacó. Ahí comenzó una semana entera de despedidas con la gente a la que quería. Siete días de juergas y fiestas con nosotras, sus nietos, los tíos... Lo recuerdo bajando las escaleras del Puerto agarrado de mi brazo. Marta trajo el coche y fuimos a Igeretxe, a tomar el café en la terraza. Cómo le molestaba el sol, se puso un jersey sobre la cabeza a modo de pañuelo. Nos reímos a carcajadas de esa imagen. Él también reía. Rió hasta el final.

La otra cosa: Ya le había dado el ictus. Tenía poca movilidad; él, que se pateaba el pueblo de arriba a abajo varias veces al día. Había cogido la costumbre de ir los domingos a sacarlo de casa. Recorríamos los 50 metros desde el portal a un murito de Sarrikobaso donde nos sentábamos. Compraba yo quisquilla en el vivero de enfrente y nos las comíamos a escondidas de mamá. Y la gente que subía o bajaba, nos saludaba, le daban conversación. Jolines la de gente que conocía. Bueno, o le conocían a él.

Recuerdo de niña haberle preguntado un día quién era esa persona a la que había saludado.

-No tengo ni idea.

-Pero le has saludado...

-Sí, porque he visto que ella iba a hacerlo.

Yo aplico ahora su truco.

Bueno, segunda cosa: Aquel domingo anterior, no fui a comer las quisquillas con él. El lunes me dijo que me había echado en falta.

No hubo más domingos. 

Hoy hace 16 años de todo esto.



13 de marzo de 2021

Confía en mí: Puedes volar

No sé cuántos años tendría yo de aquello, pero ya habían trasladado el cementerio de al lado de la parroquia de Andra Mari a su ubicación actual.

 Habíamos ido mamá, papá, Marta y yo a pasear por la parte alta de Getxo, de lo que hoy llamamos Andra Mari. En aquel tiempo, el cementerio era extrarradio total. Había dos caseríos cerca y no lo entendíamos. No digo ya cuando construyeron allí un edificio de casas de azulejo blanco...

Sin compañía, no podíamos ir tan lejos. Al llegar al cementerio subiendo de la parroquia, el muro era bajito. En esa parte, mis recuerdos me llevan a donde enterraban a los niños sin bautizar y a los masones, pero quizá estoy mezclando la disposición del viejo cementerio, el que estaba al ladito de la iglesia de Andra Mari.

Me subí al muro y seguí el paso por su cumbre: Kareletik, diríamos en euskera. Al llegar mucho antes del portalón de entrada al cementerio, ya estaba yo a unos dos metros de suelo firme. Tenía que hacer algo: saltar o volver sobre mis pasos.

Papá extendio los brazos en cruz. "Salta", me dijo. Sacudí la cabeza de izquierda a derecha. No. Me daba miedo. "Salta. Confía en mí". Y volé a sus brazos, que me sostuvieron antes de que mis pies dieran con la tierra.

"Confía en mí": No hay mejor lección para atreverte a cualquier cosa.

Siempre he creído que el feminismo me lo enseñó mamá, pero ahora veo que también papá colaboró a mi audacia.

28 de febrero de 2021

Antonio Petit Caro siempre estaba ahí

 

Cuando alguien muere, se te vienen los recuerdos a borbotones.

El primer recuerdo que tengo de Antonio Petit Caro es de hace mucho tiempo: Fui a pedirle trabajo en Vasco Press y no me lo dio, pero sí recibí de él una sugerencia y un consejo que después he dado mucho al alumnado de la Facultad. Me dijo que faltaban cronistas locales, que era un género dejado, pero muy popular. El consejo era propio de un gran maestro: “Levántate cada día y convierte en un trabajo la búsqueda de un puesto de trabajo. Antes de tres meses, lo habrás encontrado”. Le hice caso. Soy periodista.

Después, de vez en cuando, coincidía con él en algunos eventos. Me encantaba oír su acento y ese saber de viejo periodista bregado en tantas faenas.

Era sevillano y un apasionado de los toros. Siempre he creído que la familiaridad con mundos diversos y el conocimiento de distintas jergas enriquece mucho los discursos, los embellece.

Un día, cuando fui vicepresidenta de la FAPE con el equipo de Magis Iglesias, me encontré su retrato en la galería de presidentes de esa Federación de periodistas. Me sorprendió lo breve de su mandato; más bien, diría que me dio pena. Ahí estaba Antonio.

Hablo con Magis de él y me dice "siempre me trató de forma exquisita, con respeto y reconocimiento". 

En 2010, en la Asociación Vasca de Periodistas (AVP) organizamos un acto de homenaje a los asociados más veteranos. Los juntamos en el salón de actos del BBV de la Gran Vía bilbaína, les escuchamos sus recuerdos, les obsequiamos con una figura de cerámica y nos fuimos a cenar con ellos. Nos reímos a carcajadas. ¡Madredegutenberg!, tenían una media de setentaitantos años y nos tumbaron. A eso de las dos de la madrugada les pedimos sopitas y nos retiramos a la cama. No sé si ellos siguieron la juerga. Ahí estaba Antonio.


 

Antonio Petit Caro, Julio Garro, Aitor Morillón y Juanma Gutiérrez en el homenaje de la Asociacion de Periodistas Vascos en 2010. / Mireya López de El Correo

Cuando creamos el Colegio Vasco de Periodistas volví a agradecerle su apoyo. Había sido un viejo anhelo de los profesionales vascos, pero por diferentes avatares no pudo hacerse realidad hasta que siendo yo presidenta de la AVP se produjo una conjunción astral de carácter casi milagroso y lo logramos. Ahí estaba Antonio.

Hubo momentos en que necesité su consejo y ahí estaba Antonio. Le dije que fuera pensando en presidir el Consejo Ético del Colegio, pero no me dio tiempo a crearlo antes de dejar de ser decana. Ahí habría estado Antonio.

 

24 de febrero de 2021

«El periodismo era un oficio que se aprendía haciendo lo que se veía a los demás, como la albañilería»

 

«El periodismo era un oficio que se aprendía haciendo lo que se veía a los demás, como la albañilería»

Ascensión Badiola Ariztimuño ha ganado el premio Ramiro Pinilla de Novela Corta por la obra ‘La decisión de Juana Mir’, en la que rescata la figura de la periodista bilbaína.


 

¿Cómo la nombro: con un solo apellido o dos?

Los dos, que mi madre también tiene su importancia. ¿A que sí? Estará encantada.

Pues bien, Ascensión Badiola Ariztimuño (Bilbao, 1961) es investigadora y escritora. En septiembre de 2020, fue galardonada con el premio Ramiro Pinilla de Novela Corta en su tercera edición por la obra La decisión de Juana Mir, publicada por Txertoa. No es su primera obra: En una década, ha publicado otras tres novelas históricas; también la premiada lo es.

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Publicado en Pikara Magazine, 24/02/2021.

 

12 de febrero de 2021

Cuando la víctima es hombre

 En los quince años transcurridos desde que entró en vigor la ley de lucha contra la violencia machista, se han presentado cerca de dos millones de denuncias, lo que hace una media de 346 diarias. En 2019, el ritmo de asesinatos fue de una cada 6,5 días. De mantenerse, esta semana será la última para una mujer; y la semana que viene para otra. Solo en nuestro país.

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Publicado en Pikara Magazine, 10feb2021.

 

9 de febrero de 2021

Quan la víctima és un home

 

Quan la víctima és un home

Fa un parell de setmanes es va fer pública la sentència per l'assassinat d'Asier Niebla, que va morir el 2018 després de ser colpejat per l'exparella d'una noia amb qui conversava: culpable d'homicidi amb agreujant de gènere per primera vegada en un cas en què la víctima és home. L'autora posa la mirada en les formes vicàries de violència masclista i destaca la importància que existeixi doctrina jurisprudencial. Aquest article forma part de la sèrie de col·laboracions d'opinió i anàlisi que la 'Directa' posa a disposició de diversos espais i col·lectius socials

 

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Publicado en La Directa, 9feb2021. 

31 de diciembre de 2020

En los medios 2020

 

 26/febrero: Pikara Magazine.

¿Me ayudais a montar una publicación digital?

Sobre el décimo anivesario

 25/marzo: Pikara Magazine

Las vidas de Pikara

Un repaso a algunas de las vidas que ha tenido Pikara, que han sido muchas y dispares. ¡Larga vida a 

Pikara!

 

2/urria

 June Fernandezi egindako elkarrizketa: Berria egunkarian.



5/octubre: Si no puedo bailar... Radio 3

Entrevista a June Fernández sobre su libro 'Abrir el melón' 

 

11/octubre: El vigésimo aniversario del atentado a la revista Galea

Teresa Abajo lo cuenta en El Correo



 
 

18 de noviembre de 2020

Iñazio Arregi, un maestro

El lunes murió Iñazio Arregi, periodista, euskaltzale, jesuita...

Me gustaría enlazaros su entrada a la Wikipedia, pero no existe.

Lo conocí en los años ochenta como profesor de un curso que perfeccionamiento del euskera que seguí en la Universidad de Deusto. Habría quedado ahí, pero ahora quiero hablaros de una importante frustración. Y de pena.

El 12 de junio de 2012, después de muchos avatares, el Parlamento vasco aprobó la Ley de Creación del Colegio Vasco de Periodistas. Por cierto, lo hizo con el voto en contra del Partido Nacionalista Vasco, defendido por Luke Uribeetxebarria Apalategi, licenciado en Ciencias de la Información en 1988 por la Universidad de Navarra. "Cosas veredes, Amigo Sancho".

Su puesta en marcha fue toda una aventura no exenta de épica, pero..., por fin, en febrero de 2014, conseguimos darle forma, celebrar la asamblea y las elecciones a su junta.

Iñazio era miembro de la Asociación Vasca de Periodistas, el órgano del que emanó el Colegio. Yo era su presidenta y, tras la nueva creación, su primera decana y colegiada número uno.

Arregi, que había luchado por él y había compartido el anhelo de su creación,  también quería ser colegiado. La ley establece la obligatoriedad de poseer una licenciatura en Periodismo  o Comunicación Audiovisual para formar parte de ellos, de la misma forma que indica que no pueden ser liderados por personas que pertenezcan a eso que se llaman 'clases pasivas'. Y esto constituye una ilegalidad en una parte de los colegios del gremio, de aquellos que admiten a personas sin licenciatura.

Hablé mucho con Iñazio cuando aquello. Ni él ni yo compartíamos la injusticia de que él no pudiera integrarse. No es solo que hubiera ejercido el periodismo en tiempos fatales, sino que, mucho antes de la creación de las primeras facultades, cuando se crearon las escuelas, él formaba parte de los tribunales encargados de la acreditación.

Me lo explicaba; me decía que fue él quien tomó la decisión de que algunos pudieran ejercer... Yo me sentía con las manos atadas.

Te estoy hablando de una de las grandes frustraciones que me generó ser la primera decana. No solo eso: me produjo una pena inmensa semejante ingratitud.

Aún me la produce.

La foto es de Garaialde y la he tomado de aquí.


5 de septiembre de 2020

De Barinatxe a 'Goenkale'

Fue en agosto de 1994. Había ido a la playa, a Barinatxe, con la tabla. La marea estaba bajísima. Cogí una ola y cuando me aproximaba a la orilla, entusiasmada por lo larga que había sido, atropellé a una mujer. Miré así, para arriba, ji ji ji, con cara de inocente, de Yo no quería. Era Irune Manzano.

―¿Qué tal, Irune? ―Ella con cara seria, yo con sonrisa horizontal; ella desnuda, yo también. Más vale que no siga.

Y me contó que estaban grabando una serie en euskera para ETB-1: Goenkale.


 La serie, que era diaria, se estrenó en el siguiente octubre y estuvo más de 20 años en antena. Con diferencia, el programa más longevo no solo de la televisión vasca, también de la española. Goenkale marcó un hito por muchas razones: por las dimensiones del equipo que había detrás, por la importante escuela y cantera de actrices y actores que supuso, porque sus diálogos otorgaron al euskera una naturalidad y frescura hasta entonces inexistente en las producciones dobladas. En Arralde ―así se llamaba el pueblo de ficción―, el tabernero, sus clientes, los personajes, en general, no hablaban como académicos de número de Euskaltzaindia pronunciando una conferencia, sino como habla la gente de la calle; incluso, como habla la gente sin alfabetizar.

Ya había escrito yo algo sobre ella unos meses antes.

 

No ha sido la única vez que he obtenido información de la guisa en la que estaba en Barinatxe. Pero esto lo contaré en otra ocasión.

22 de julio de 2020

De Donibane Getxo a Donibane Leioa

Mi infancia transcurrió en un barrio rodeado de huertas y pequeñas casitas. Al principio, los caminos eran de guijarro... o de barro. Jugábamos al hinque, al trucumé, a las chapas y las canicas, a la cuerda, a la goma, a 'Tres navíos en el mar', a ponernos latas de conserva en los pies y dar la lata a las vecinas...
El acontecimiento anual era la sanjuanada. Los días previos, recolectábamos helechos, ramas, muebles viejos, papel, cartón y, en lo alto, colocábamos un muñeco hecho con paja y ropas viejas. Ese era el día de los niños, y de las niñas, claro.
A mediados de los setenta, los curas de la parroquia de Andra Mari -Txomin, José Mari y don Francisco (luego, Patxi)- abrieron un local en la parte trasera del barrio. Era una lonja preciosa y muy bien diseñada entre las calles Iturbide y Maidagan. Ahí nos juntábamos, hacíamos reuniones, teatro, exposiciones, concursos de ajedrez... Los domingos, se celebraba misa. Por aquello de la sanjuanada, José Mari propuso llamarlo Donibane.
A ver si consigo describirlo bien. Tenía forma de cuadratín -#- aunque no era romboide: sus líneas eran perpendiculares y la zona central, rectangular. En las cuatro esquinas, había un sistema de biombos que permitía distintos usos simultáneos. Yo diría que los tonos eran granates y negro ala de mosca, aunque no estoy muy segura.
En ese local, gané una medalla en un campeonato de ajedrez, estropeé un juego de luces que Javi V. había preparado para la representación de 'El principito' y fui jurado de un concurso de dibujos de belenes. Uno de ellos, de una criaja de muy poquitos años, era un manchurrón oscuro en forma de arco con un rectángulo que contenía tres puntos a la derecha. Cuando le preguntamos qué había hecho, dijo que era el portal de Belén, que lo habían cerrado por el frío y había que tocar el timbre.
En algún momento, el local perdió actividad y los curas se lo cedieron a una organización ocupacional para personas con síndrome de Down.
Allí estuvieron un tiempo que no puedo precisar. Después, se trasladaron a Leioa, al barrio Sarriena. Y allí siguen. Lo curioso, es que se llevaron el nombre: Donibane. Puedes verlo aquí.
Hace casi 50 años de esto y estoy segura de que sus actuales ocupantes no saben de dónde les viene el nombre
Por cierto, Txomin todavía vive.

19 de julio de 2020

De volcanes, terremotos, icebergs y glaciares

Los icebergs solamente dejan ver el 10 % de su volumen; los volcanes escupen dos tipos muy distintos de lava; la parte más veloz de los glaciares es la central; uno de los primeros indicios de un maremoto es que el mar se retira hacia sí misma; cómo mide la escala Richter la fuerza de los terremotos, que se pronuncia Rigter... Hace 50 años que don Jacinto Gómez Tejedor nos enseñó estas cosas en un aula del Instituto de Getxo y estoy segura de que aún hoy aprobaría el examen.
En aquel tiempo, dejábamos la escuela al cumplir 9 o 10 años. En mi barrio, éramos decenas de chiquillos y chiquillas de las 50 familias recién asentadas; la mayoría, de parejas recién casadas. No sé cuántos iríamos al instituto. Lo que sé es que solamente 4 iniciamos una carrera universitaria y tres de ellas éramos mis hermanas y yo.
El instituto -que luego se llamaría Julio Caro Baroja- se inauguró en 1966 y mi hermana fue una de las primeras alumnas. Cuando comenzó el curso, Marta tenía nueve añitos, pero era tan formal y aplicada que pasó de la escuela al bachillerato. Dos años después, me incorporé yo. En mi primer curso estábamos las niñas por un lado y los niños en la otra ala. Para mi segundo curso, el instituto se hizo mixto de verdad. Ese fue uno de los primeros logros de don Jacinto. Qué fue aquello: interminables guerras de tizas, los niños y las niñas en peleas continuas...
Don Jacinto era el director. A nosotras nos daba clase de... de... ¿De qué sería aquello: Geografía, Naturales, Geología...? Era tan bueno y tan apasionado que he olvidado poco de lo que nos enseñó.
En 2002, me sorprendió su esquela en El Correo.
Otro de sus logros fue el jardín botánico del instituto. Como lo tengo camino de casa, esos pocos días en que encuentro las puertas del jardín abiertas, entro a darme un paseo.
En 2014, decidieron dedicar un espacio a Ramiro Pinilla, porque su novela 'La higuera' está ubicada en ese jardín.


Algún septiembre he tenido la oportunidad de entrar y, en lugar de recoger calabazas, me he comido algún higo de esa higuera.

30 de junio de 2020

La memoria se construye con olvidos



RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTORICA DE PORTUGALETE 2020 Conversación en la red: Conversemos para no olvidar.

Esta conversación con Txema Urkijo la celebramos el 18 de junio.  Cada cual en su choza por aquello del coronavirus.


24 de mayo de 2020

Una rosa para el recuerdo

Mi padre me enseñó a montar en los autos de choque. El juego no consistía en arremeter contra los otros vehículos, sino en esquivarlos y elegir aquella parte de la pista en la que circulaban pocos.
En estos tiempos de pandemia, salir a pasear es como practicar el juego que me enseñó mi padre: los criterios para elegir la ruta son que las estradas sean suficientemente amplias como para mantener esos dos metros de distancia e intentar adivinar dónde habrá menos gente.
La ruta nos llevó a una casa en la que viví hace años. Nos metimos por un caminejo estrecho con chalés a derecha e izquierda. Ese camino era, entonces, mi huerta.
Allí estaba mi casa. Habían cambiado la puerta del portal. El ventanal de la sala estaba abierto de par en par. No alcancé a ver la ventana de aquella hermosa cocina.
Al fondo del caminito había una huerta que trabajaba un señor con el que yo solía charlar. Ya no estaba. Hoy es una gran landa, verde, con ligero declive, preciosa.
En esos terrenos, un domingo al año solía celebrarse una carrera pedestre. Ese día me gustaba asomarme a ver el esfuerzo de quienes participaban. Recuerdo haberme emocionado cuando uno de los corredores, de origen magrebí, le dobló a otro. Cuando este se dio cuenta de que el magrebí le adelantaba porque había dado una vuelta más que él, le aplaudió. Aún me emociono.
En la categoría infantil participaban niñas y niños de unos cuatro o cinco años. Allá iba ella, con la camisetita de su club, corriendo campa arriba, poniendo todas sus ganas; y el entrenador –o quizá su padre– caminando a su lado y dando chalos: “Hala, bonita; venga, bonita”. Esa niña ahora tendrá unos 30 años.
Ayer iba yo hablando: “Y aquí estaba la huerta de un vecino”.
–De Isidoro­– añadió un señor que estaba en su jardín atando la rama de un limonero.
–Eso, de Isidoro.
–Yo solía ayudarle. Se la quitaron hace años. Vaya disgusto, porque él había construido una cabaña grande con el suelo elevado. Cuando pasó, creí que se moriría, pero que va. Está estupendamente.
Buscó una foto en el móvil y me la mostró.
–¡Sí! ¡Ese!
-Tú eres la profesora, la periodista.
–Así es.
–¿Qué tal tu hijo?
–Ah, muy bien– le respondí sorprendida.
Se acercó a su rosal, cortó esa rosa de arriba y me la ofreció.
–¡Cómo huele!
–Te costará olvidar ese olor. ¿Puedo hacerte una foto?
-Sí, claro. Déle recuerdos a Isidoro de mi parte.
Probablemente, poco después Isidoro recibió la fotografía.

12 de marzo de 2020

Ha matado a dos mujeres, es un "pirado"

Quizá sea cierto: la emergencia del coronavirus, la superabundancia de información, nos conduce a olvidar otras alertas. Por ejemplo, el asesinato de dos mujeres. Como sucedió ayer, miércoles, en Abanto.
Se llama Faustino, tiene 60 años, y la Ertzaintza lo detuvo hasta aquí de pastillas. Hasta más arriba. Antes, habían matado a su esposa, Miren, 65 años, y a su hija, Paola, de 24.

Lo sorprendente es que en un medio de comunicación vasco, uno de los grandes, una periodista se pregunta qué pudo pasar por la cabeza de ese hombre a quien trata como asesino; luego, como presunto; más adelante, como homicida; y mucho después, como "pirado". Pero no lo suficiente como para hacer lo que el medio llama "esta locura". O sea, "raro", pero poquito.

La redactora ha hablado con vecinos. Y lo reivindica como recurso, porque si no, no lo llevaría al texto. No sé, digo yo. Según recoge, los vecinos hablan de que la mirada de Faustino  daba miedo. "La verdad", apostilla. Sin embargo, "nunca había tenido problemas con ningún vecino".

¿Será eso bastante para absolverlo?

Un hombre que nunca ha tenido problemas con los vecinos, que es un "pirado" y, sin embargo, todo apunta a que ha matado a su esposa y su hija. Ese es el relato del medio.

Ay.

Como sociedad tenemos mucho que aprender. Y ciertos medios de comunicación deben responder al compromiso social y corporativo con los derechos humanos. O reconocer públicamente que les importa una mierda hacer bien su trabajo.



9 de marzo de 2020

¡¡¡Trata de blancas!!!, ¡¡¡de blancas!!!

Este domingo, Ana Pastor entrevistó en 'El objetivo' a Irene Montero, ministra de Igualdad. Buena parte del tiempo lo dedicó a las trifulcas con la ley de Libertad Sexual, pero finalmente se centró en ella. Estaban hablando de prostitución, de abolición, de regulación..., cuando Ana Pastor se refirió a "la trata de blancas" (sic).
Ya bastante lío es confundir prostitución y trata como para enredarlo un poco más con un adjetivo que apela a la raza. La trata es esclavitud y la trata con fines sexuales no debe confundirse con prostitución, aunque compartan clientela: los puteros. La prostitución es una forma de sometimiento, pero puede ejercerse sin sufrir cautiverio ni la extorsión a que las esclavas están sometidas. Por citar alguna, les privan de documentación y las encierran en pisos; les arrebatan los hijos, si los tienen; las amenazan con ellos, con sus familias y su propia vida.
Hablar de "trata de blancas" es, en primer lugar, racista y, en segundo, denigrante. El lenguaje es una herramienta que quienes practican el periodismo deben tener actualizada y reflexionada.
Lo sorprendente es que la ministra lo dejó pasar.
Otros que deben actualizar sus conceptos y acepciones son los miembros de la Real Academia, que definen 'trata' como "Tráfico que consiste en vender seres humanos como esclavos"; y 'trata de blancas' como "Tráfico de mujeres, que consiste en atraerlas con coacción o mediante engaño a centros de prostitución para su explotación sexual".
No es inhabitual: esta semana pasada una redactora de la SER usó la misma expresión.

4 de marzo de 2020

No frivolices con mi dolor


Estamos discutiendo en España la Ley de Libertad sexual. Por fin. El proyecto ha sufrido lo suyo porque, además de las resistencias habituales a cualquier norma que limite los desatinos de los hombres y proteja a las mujeres, se gesta en un gobierno de coalición PSOE-Podemos y la iniciativa es de un, de el, Ministerio de Igualdad.

 Adónde vamos a llegar. Behar genuena, que diríamos en euskera.

Hoy, en la sección de Opinión de El Correo, Antón publica una viñeta al respecto del consentimiento.
Ajammm. Mira arriba.

Es inapropiado frivolizar con la violación. Y esa viñeta lo hace.

Además, exhibe como nunca la bandera de un machismo recalcitrante.

Hala, quédate con él, Antón, que no es ni la segunda vez.

Por cierto, el diálogo está invertido. Quien, en todo caso, podría preguntar por el señor de en medio es ella. Porque quienes violan son los hombres y quienes, ante una acusación de violación, suelen argüir que "Ella quería" son ellos. Siempre ellos. Vale, algunos de ellos.
Pero en esta viñeta, a Antón y a sus jefes de El Correo se les ha ido la pinza. Una mujer no lleva a un notario para acreditar que quiere, porque si quiere, quiere. No obstante, como me dice mi amiga Izaskun Porres, quien debe acreditar el 'No' es ella, la víctima, que en el proceso penal "no tiene cabida".
Ese patinazo de la viñeta es importante porque, en realidad, es el mismo mecanismo que sostiene la insistencia en las denuncias falsas. ¿Lo ves?

2 de marzo de 2020

¿Necesita mujeres el patriarcado?





No soy aficionada a las películas de James Bond. En general, me parecen estereotipadas, androcéntricas y previsibles.
Esta semana, Fernando Goitia entrevista a Daniel Craig para el XLSemanal.

La razón de la entrevista es que el actor abandona el papel y es normal que se piense y pregunte quién le sucederá. Pero, claro, hay formas de preguntar y de contestar. Estas:


"XL. ¿Cree que el mundo está preparado para una 007 negra?
D.C. El mundo está preparado para lo que sea, pero tampoco veo la necesidad de poner a una mujer en el papel de Bond. Es una respuesta equivocada a ese debate. Lo que se necesita, en general, es escribir grandes papeles para mujeres y hacer buenas películas".

La cuestión incluye la raza y el sexo, o sea, una mujer negra. Me pregunto qué significa estar preparado cuando se habla del mundo, porque en mi concepción del universo -como en la de tanta gente- hay muchos mundos y todos están en este.

Una pregunta de ese tenor encierra el riesgo de que la respuesta sea negativa. ¿Por qué riesgo? Porque un periodismo comprometido no debe dar pie a que se expresen ideas contrarias a los derechos humanos y la igualdad de mujeres y hombres es uno de ellos. Una cosa es que el entrevistado motu proprio se exprese en ese sentido y otra que se le invite a hacerlo.

Afortunadamente, Craig responde que sí, pero apostilla que no ve la necesidad. El patriarcado y quienes, aún sin saberlo, lo defienden no ven necesidad alguna de que las cosas cambien, de que los puestos acaparados por varones sean ocupados por mujeres. Por eso, no se hacen "grandes papeles para mujeres" ni se dan oportunidades a las directoras, por ejemplo.

Y con esas estrategias se nos cuela el patriarcado en las creencias.

En la foto, Lashana Lychn, agente 007 en 'Sin tiempo para morir'.

1 de enero de 2019

En los medios, 2018

25 de marzo
Erreportaje bat Argian sexualizazioaz. Mikel Garcia Idiakezek idatzia.

29 de junio, curso de verano en la UPV-EHU
En el DV
En Noticias de Gipuzkoa




31 de diciembre, Diario de Navarra.
Balance de un año de luchas de igualdad, aquí.